jueves, 20 de julio de 2017

EL TÁCHIRA PREHISPÁNICO DE HORACIO MORENO

El autor del libro TÁCHIRA PREHISPÁNICO, el profesor Horacio Moreno 
y el editor de este Blog; José Antonio Pulido Zambrano.


PREÁMBULO 
AL TÁCHIRA PREHISPÁNICO 
DEL PROFESOR HORACIO MORENO


Unas palabras al lector
Hacia el mes de julio del 2009 estaba tras la búsqueda del profesor Horacio Moreno, autor de la Monografía de San José de Bolívar, parecía que la tierra lo había devorado, este Sabio había dejado atrás toda una vida social y cultural en su Táchira del alma. 
Las noticias que tenía de él era que una enfermedad y los años que tenía encima le habían retirado a su casa de habitación. 
No tenía una dirección ni un teléfono, luego por cosas de la vida me hallé con uno de sus estudiantes, el profesor Julio Rincón, un hombre ya mayor que me señaló saber donde vivía su maestro Horacio Moreno, fuimos varias veces a su casa y nada.
Un día que visitaba el Ateneo del Táchira, cual sería mi sorpresa, allí estaba el profesor Horacio, fue un Encuentro muy especial con un hombre que transpiraba por sus poros el amor a la historia de su patria chica; el Táchira.
Desde ese día hubo una conexión cósmica entre ambos y el viejo Maestro sonrió ante un dialogo que se hizo perpetuo tocando temas sobre el Táchira histórico y al le extrañaba que conociera documentos para muchos ya remotos y olvidados, le señale que tenía años compilando textos antiguos, muchos de ellos salvados de piras funerarias en bibliotecas olvidadas.

Segundo encuentro en el Ateneo del Táchira con el maestro Horacio Moreno.-

Después de nuestro encuentro fortuito se solidificó una Amistad. Le empecé a visitar en su hogar y de vez en cuando me hacía sentir triste pues él se sentía olvidado después de haberle dado tanto a esta región. 
Lo cierto es que en nuestras futuras conversaciones me armé de una Libreta de Notas y una grabadora, ya que él insistía en darme rutas para seguir profundizando sobre la historia del Táchira. En cada encuentro era un tema nuevo y me mostraba libros inéditos que nunca logró publicar.
Una tarde remota iniciamos una conversación sobre el pasado aborigen de nuestra entidad y empecé a tomar nota, ya que si era cierto que en el Museo del Táchira ya había material respecto al tema, el profesor Horacio me contaba de su afición al tema desde la década de los cuarenta, ese día me obsequio el libro: Los yegüines y buroquía, una breve descripción etnohistórica que había realizado sobre el municipio Simón Rodríguez donde estaba el terruño de su infancia.
Otro día me decía de memoria las diversas áreas culturales de ese pasado remoto y las diversas tribus aborígenes que habían poblado el Táchira, me mostraba fragmentos de las Crónicas de Indias, antiguos papeles copiados de Archivos donde se dejaba constancia del paso de estos nativos en nuestra amada Tierra Tachirense.
Un día me entregó un Manuscrito con la idea de que en un futuro se pudiera publicar, el libro en sí era El Táchira Prehispánico, este que estas a punto de leer amado Lector. Yo le explique que eran tiempos oscuros en el país y publicar en papel era casi imposible, le hablé del mundo virtual y le gusto la idea, tanto así que aprobó según Autorización (de fecha 2 de diciembre de 2015) para que este texto se llevara al menos a su versión digital. 
Por problemas técnicos en el momento, así como por la revisión mutua del documento para su actualización, el profesor Horacio Moreno en esa batalla contra el tiempo no pudo ver terminado su libro virtual.
Luego, como es la Ley Natural de la vida, el profesor Moreno partió al Oriente Eterno, dejándonos una gran cantidad de material, entre ellos El Táchira Prehispánico que hoy Pumar Editores, la editorial que junto a Sigrid Márquez Poleo, presenta al público un trabajo editorial que tiene un objetivo más didáctico que monetario, que fue la lucha constante del profesor Horacio Moreno al rescatar nuestro pasado.
Con este trabajo el Editor espera satisfacer, por lo menos, a quienes se han interrogado sobre el pasado aborigen de nuestro estado Táchira y así cumplir la voluntad de nuestro maestro Horacio Moreno y que sus palabras puedan seguir siendo leídas por las nuevas generaciones.


Mgs. José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira.-


LIBRO:
EL TÁCHIRA PREHISPÁNICO
Por: Horacio Moreno
(Versión en digital revisada y aumentada por el autor)
Pumar Editores. San Cristóbal. Julio 2017.-

Portada original de El Táchira Prehispánico.-



CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE ESTE LIBRO

"La antropología dice - y seguramente con razón - que frecuentemente
no entendemos los hechos del antiguo pasado,
ya sean de tipo histórico o simplemente sugeridos por dibujos,
herramientas, utensilios, entre otros, debido a que dichos elementos
han sido juzgados con mentalidad moderna".-
Rodolfo Benavides.-

Cuatro manifestaciones científicas se ofrecen para apreciar la trayectoria del hombre sobre La Tierra. Ellas se relacionan entre sí, como son: La Antropología, Etnología, Prehistoria, y Lingüística. Hoy día, la Antropología es una ciencia independiente con métodos de investigación peculiares. ¿Cómo trabaja? ¿De cuales instrumentos y recursos se sirve? ¿En cuales ciencias cercanas se apoya principalmente?
En el Museo del Táchira está la respuesta: La cultura indígena esta a la vista del pueblo esperando descifrar los arcanos de nuestro pasado. La cultura prehistórica se halla reunida sino en su totalidad, al menos hay mucho material seleccionado, fragmentos de vasijas de variadas formas y la magnífica serie de cerámica figurativa, que son verdaderos objetos de arte representativo.

Cerámica con apliques. (Fuente: Museo del Táchira).-

Sobresalen las esferolitias, siguiendo el proceso del Arte, fueron primeramente talladas y después pulimentadas, habiendo sido usadas en las culturas del período arcaico.
Aquí se pueden analizar microscópicamente y químicamente los materiales a fin de identificar los colorantes y técnicas usadas en pintura de la cerámica, análisis de arcillas, de estucos arqueológicos, entre otros.
También se estudiarían los restos osteológicos encontrados en las diversas excavaciones. Esto corresponde a la Antropología Física.
En los laboratorios se puede precisar el cuadro cultural de los pueblos que formaron la gran nación indígena tachirense, así como fijar en el tiempo su desarrollo histórico y en el espacio, los contactos que sostuvieron con diversos grupos de otras culturas mesoamericanas, recibiendo e irradiando influencias.
También se buscan los vestigios de mayor antigüedad con miras a aportar alguna luz al problema del origen de nuestros indios.
El territorio del Táchira tiene sus zonas delimitadas o sean los sitios arqueológicos inexplorados que no solamente fueron receptores, sino focos creadores de cultura.
Hay quienes dicen que las culturas indígenas son autóctonas, partes de invenciones y descubrimientos realizados en este Continente. Su proceso de desarrollo es independiente, difiere del de las culturas euroasiáticas y no es idéntico en todas sus partes. Un estudio de carácter pragmático no puede señalar ninguna teoría opuesta a la verdad de los hechos; aporta más bien nuevas orientaciones a los teóricos de la Cultura.  
La humanidad vive sobre La Tierra desde hace, por lo menos, 600.000 años. Esto lo demuestra los escasos hallazgos de esqueletos humanos y un buen número de útiles sencillos encontrados en capas prehistóricas.
Los primeros útiles de piedra de nuestros indígenas se llamaron "hachas de mano" y deben haberle servido como armas, para escarbar, cortar ramas y machacar frutos silvestres o quitar trozos de carne a los animales muertos.
Ese modesto invento representó un avance monumental. Aparte del hombre, sólo algunos chimpancés y mandriles suelen utilizar elementos extraños a su cuerpo - garrotes, piedras, entre otros -, para defenderse o realizar algunos trabajos y sólo el género humano ha sido capaz de adoptar la medida aparentemente tan sencilla de hacer utensilios para facilitarse la vida.
Con el "hacha de mano" empezaría el género humano a intuir la posibilidad de transformar el mundo que lo rodeaba, desencadenando así el lento proceso cuyo resultado final es la civilización moderna. De algún modo el "Homo habilis" también aprendió a utilizar el fuego, según lo demuestra la presencia de hogueras extinguidas.


1.- El proceso comenzó con un gran pedazo de roca. 2.- Los humanos formaron con la roca un martillo de piedra. 3.- Utilizando un martillo hecho de madera o piedra afilaron el borde. 4.- Ellos recortaron el borde de la incursión de pequeños copos con un palo puntiagudo.

Son precisamente esos objetos hechos con un fin determinado los que nos permiten reconocer como hombres estos antiquísimos habitantes de La Tierra. Estaban provistos, como los contemporáneos, de inteligencia y de todas las capacidades mentales que separan la humanidad y el reino animal. En una secuencia de más o menos 20.000 generaciones se han originado las actuales formas humanas inclusive numerosas ya desaparecidas y la diversidad de las culturas actuales y de aquellas conocidas de tiempos antiguos. 
Poco a poco, la cultura se fue apoderando hasta fabricar cuchillos y puntas de lanza que hacían de él un cazador más eficaz y le permitía destazar limpiamente a los animales y elaborar ropa o cobijas con las pieles, así como agujas con los huesos e hilos con los tendones. También producía cuerdas anudando tiras de piel de animal, tejía redes para cazar y pescar y elaboraba una cestería rudimentaria utilizando tallos de yerba.
La primitiva religión lo había impulsado a convertirse en artista y a descubrir los tintes necesarios para producir sus obras. Se ignora si se agruparía en bandas o en tribus y por supuesto no se sabe qué nombre daba a sus grupos, si es que les daba nombre alguno.
Lo anterior es el equipaje cultural que llevaban los primeros hombres que pasaron por Siberia a América, esta es la común aceptación de esta teoría migratoria desde el continente asiático los cuales habrían penetrado este continente por el estrecho de Bering lo cual ocurrió hace unos 50.000 años, según cálculos más aceptados en la actualidad. Se tiene pruebas de que el hombre habitaba en la parte noroeste de Estados Unidos y suroeste de Canadá hace 30.000 años y que hace 21.000 años se encontraba en México central. Hacia el 20.000 a. C., los primeros pobladores habían llegado a tierra venezolana pisando tierras del Táchira por primera vez. Hace 18.000 años ya estaba en el Perú y hace 13.000 años en Chile y 9.000 años ya había llegado a la Patagonia.

Mapa de las migraciones humanas fuera de África y su paso por el Táchira, versión de Horacio Moreno.

Todo lo anterior se sabe gracias a estudios realizados por científicos, quienes se valen de ingeniosos métodos para llevar a cabo sus investigaciones. Las rocas, los fósiles que contienen y la radioactividad de los diversos materiales que forman las distintas sustancias aportan un sinnúmero de datos útiles para especular sólidamente sobre la historia del planeta.
En todos los continentes abundan las rocas que llevan en su interior la huella de plantas y animales. Si en éstas aparece, por ejemplo, la forma de un pez, es razonable deducir que la comarca en alguna época estuvo cubierta por las aguas, mientras que el tipo de animal - de planta, en su caso - revela el género de vida que existía en la época en que la roca se formó.
Para calcular la edad de las distintas capas de roca, los geólogos se guían por la radioactividad. Los elementos radioactivos se desintegran a un ritmo constante para transformarse en otros elementos. Por ejemplo, la mitad de los átomos radioactivos del uranio se desintegran en un plazo de 4.500 millones de años y los de potasio en 1.400 millones de años. Los investigadores analizan las muestras de los minerales y rocas que existen en una región determinada y calculan su edad midiendo el grado de radioactividad que conservan.
El hombre siempre deja una infinidad de huellas de su paso por algún lugar: Basura, ropas, muebles de desecho, instrumentos de trabajos rotos o perdidos, restos de su comida, heces, sus huesos mismos. Cuando abandona el sitio, las huellas quedan resagadas por el suelo. Tarde o temprano las cubre el polvo, y no es raro que en un plazo no muy largo desaparezcan bajo una capa de tierra o vegetación. Cuando otros hombres se instalan en el mismo lugar, normalmente ignoran lo que hay bajo sus pies, y en cambio, al abandonar posteriormente el terreno, dejan sus propias huellas, las que vuelven a ser cubiertas por el polvo o la vegetación, y así sucesivamente.
Inclusive las ciudades abandonadas llegan a desaparecer. Con el descuido y el paso del tiempo el techo de los edificios acaba por caerse y los escombros son rápidamente cubiertos por el polvo o la vegetación, que en las tierras de régimen apropiado incluye grandes árboles. De este modo ciudades enteras adquieren la apariencia de montículos.
Al hacer excavaciones en un sitio con varios niveles de ocupación, el arqueólogo puede observar el drama fabuloso del desarrollo humano. En los niveles inferiores puede encontrar los toscos utensilios de la edad de piedra y a medida que asciende observará instrumentos cada vez más perfeccionados, trozos de ropa y de muebles más variados y mejor hechos. Si por ejemplo, encuentran un trozo de tela, podrá razonablemente deducir que la cultura encontrada conocía ya la industria textil. El acabado tosco o fino del producto le indicará el grado de adelanto que había alcanzado la industria; los dibujos estampados le revelarán los giros de la moda o el estilo propio de una región.

Arqueólogos peruanos excavan rastros del pasado.-

Los entierros suelen ser una magnifica fuente de datos. Al observar la configuración de una dentadura, los antropólogos saben si su propietario era vegetariano o carnívoro. Los huesos de la cadera y de la base del cráneo permite calcular el tamaño del cerebro y así por el estilo. Además, muchos pueblos antiguos acostumbraban enterrar junto a sus muertos "ofrendas" de cerámica, estatuillas. joyas y alimentos. El estudio de tales objetos suele aportar datos valiosísimos.


Momia de la Ovejera - Museo Arquidiocesano de Mérida.-


También es útil estudiar un basurero en los que suelen aparecer en las excavaciones, pues el género de los desperdicios encontrados, su abundancia y otros detalles revelan un gran caudal de información. Inclusive las heces humanas son valiosas en la arqueología, al analizarlas, el especialista puede averiguar la clase de alimentos que ingería el ser que las arrojó.
Los granos de polen se conservan durante períodos muy largos gracias a que su capa exterior está formada por los materiales más resistentes que se conocen en el mundo orgánico. A menudo aparecen en gran cantidad al realizarse excavaciones arqueológicas. Analizándolos puede averiguarse la vegetación de una comarca en la época correspondiente, y como la vegetación es un reflejo del clima, los análisis permiten hacerles una idea clara del régimen climático en la época en que se formó el polen.
El anterior comentario surge a raíz del descubrimiento de la zona arqueológica de Capacho Viejo, donde según comentarios de la época; Pueblo y cerámica dejaron sus huellas muy marcadas. Todos los restos humanos, cerámica y piedras fueron llevados a un Museo que posteriormente desapareció. No hubo preocupación por conservar esos recuerdos del pasado.
La ciencia atómica es otro auxiliar de los arqueólogos. Al nacer, todos los seres vivos absorben isótopos de carbono 14, materia que pierde la mitad de su energía radiactiva cada 5.730 años. Midiendo la carga de carbono radiactivo que queda en huesos o restos de plantas se puede saber la edad de los mismos y, razonablemente, la de los artefactos inorgánicos, por ejemplo, objetos de barro, que aparecen asociados a ellos.
Cada cultura tiene ciertas maneras peculiares de hacer sus cosas. Hoy día, por ejemplo, la cerámica de Trujillo es muy diferente de la que se produjo en Capacho. Sí un arqueólogo del futuro encontrara cerámica de Capacho en una excavación de Trujillo, legítimamente podría deducir que existía cierto intercambio entre ambas comarcas. Este hecho resulta particularmente valioso al estudiar las antiguas culturas de Venezuela, ya que en las excavaciones aparecen con frecuencia objetos de barro. Por supuesto, en las deducciones de este tipo siempre existe el peligro de cometer equivocaciones.


Cuenco de los Felinos /Estado Trujillo.-


Otro caso notable se relaciona con el gran número de figurillas de barro y esculturas de individuos con rasgos chinescos, semíticos, negroides y caucásicos que han aparecido en las excavaciones arqueológicas de América. Aferrados a la teoría de que todos los indígenas descienden de los primitivos emigrantes que llegaron de Siberia, muchos especialistas atribuían los rasgos de las figurillas a simples coincidencias o móviles estéticos.
Al mismo tiempo se negaban a tomar en consideración que, si todos los indígenas de América tuviesen un origen común, cabría esperar que sus características físicas fueran básicamente iguales. Pero en realidad el indio norteamericano es muy distinto del indígena de México y a su vez, ambos son distintos.
Los restos humanos americanos más antiguos que han sido investigados pertenecen en general a individuos de baja estatura, cara grande y ancha con pómulos prominentes, hombros anchos, tronco largo, piernas cortas, piel moreno-amarillenta, cabello negro y lacio, y escasa vellocidad corporal.


Momia de una princesa Inca, conocida como "Juanita".


Los Motilones de suramérica tienen rasgos mongoloides, negroides y otros de rostros que sugieren ascendencia árabe o europea meridional. 
Hay indios gigantes, como los patagones, e indios pigmeos, como los de algunas tribus de Venezuela y el Brasil. Muchos antropólogos consideran imposible que todas estas diferencias se hayan producido en los 50.000 años transcurridos desde que el hombre cruzó el estrecho de Bering. En este sentido vale la pena recordar lo escrito por don Raúl Salcedo en su revista Humogría., N°46 al expresar que "en el Zayzayal, lugar de río Babú, degenerado el nombre en río Bobo, se bajó un barranco y apareció un esqueleto de grandes proporciones, el cráneo muy grande y las canillas de un metro de largas, en fin el esqueleto de un gigante. Los que lo consiguieron, por ignorancia o por religiosidad, lo recogieron y lo llevaron al cementerio de San José de Bolívar y allí fue enterrado".
Además diversos descubrimientos de última hora han convencido aún a los más recalcitrantes de que los indígenas son una mezcla de individuos procedentes de diversas regiones del globo. Recientemente fueron encontrados documentos que parecen indicar que los navegantes chinos llegaron a la costa de América, diez siglos antes que Colón. En Ecuador fue descubierta una cerámica igual a la que se producía en Japón en un pasado remoto. Los lingüistas han encontrado un parecido muy grande entre algunas palabras de dialectos sudamericanos y otras que pertenecen a ciertas lenguas de Oceanía. 
Por encima de todo está el hecho de que la mayoría de los indígenas americanos apenas se distinguen de los mongoles de Siberia, y con base en esto ahora se cree generalmente que los siberianos construyeron el grueso de la migración, aunque otros grupos también llegaron en diversas épocas, cuando se fabricaban barcos capaces de emprender la travesía de los océanos.
En las sociedades indígenas nunca faltó el Brujo o mojan encargado de invocar a los espíritus para que proporcionen comida en abundancia o para que alivien a los enfermos. El brujo o mojan participaba también en la cacería y recolección de frutos silvestres; no es un especialista consagrado a tiempo completo a los asuntos religiosos, aunque la prestación esporádica de servicios mágicos le proporcionan gran prestigio en la comunidad. Estimula las cavilaciones en torno a lo misterioso, y tal vez esto haya tenido algo que ver con el fanatismo de nuestros indígenas.
Cuando se descubrió la agricultura, mediante la cual el hombre dejó de ser un parásito de la naturaleza y se convierte en agente activo para hacer producir la tierra.
El preagricultor, obligado a perseguir a los animales de caza y a buscar incesantemente los sitios donde existen plantas silvestres para comer, lleva una vida azarosa y llena de angustias, especialmente en los períodos de sequía o cuando se presentan inundaciones graves. Con la agricultura, la vida humana se torna más amable, pues el hecho de disponer de reservas alimenticias relativamente seguras deja en el hombre algún tiempo libre para idear modos de vida más avanzados y la necesidad de conseguir que las siembras sean más productivas induciéndolo a fabricar utensilios nuevos o a perfeccionar los que ya posee. La agricultura incrementa la cantidad de alimentos disponibles en una comarca y con ello hace posible el crecimiento demográfico.
No se sabe cómo se realizó el descubrimiento de la agricultura. 
Es probable que el cultivo de maíz apareciese en las tribus de América.
La actividad agrícola requiere que los hombres pasen buena parte del año cerca de los campos de cultivo para atenderlos. Esto lleva al establecimiento de viviendas permanentes y determina la formación de pequeñas aldeas.
El cultivo del maíz refleja el lento avance de una tecnología. Con el transcurso de los milenios, los hombres fabricaron los primeros útiles para su cultivo. La piedra pulida ya no sólo moldeada a golpes, constituye otro avance de la época. También las coas, azadones, entre otros.

Codex; La fiesta del maíz entre los Mexicas.
  
Los indios mexicanos creían que el fundador de la agricultura había sido el gran dios Quetzacoalt y los peruanos lo atribuían a la primera pareja: Manco-Capac y Mamá Oello.
Los árabes remontan el origen de la agricultura al mismo Adán y dicen que éste, al descender del Paraíso recibió de manos del Ángel Nikail, un grano de trigo del tamaño de un huevo de avestruz, tamaño que ha ido disminuyendo a medida que el hombre avanza en impiedad. Así mismo creen que le fueron entregados treinta ramas de árboles diversos para que los plantara y cultivara si quería aprovecharse de sus frutos. En el mismo Génesis se nos presenta a Abel como el primer agricultor y Caín como el primer ganadero.
Estas creencias fabulosas de todos los pueblos nos demuestran lo remoto, oscuro e incierto del origen de la agricultura. Al consultar los más antiguos documentos históricos la encontramos ya constituida y bastante adelantada.
En la India creían que Brahma había creado el primer agricultor, al que donó el toro sagrado para que lo ayudara en sus faenas.
El descubrimiento de la alfarería se derivó de la necesidad de contar con un gran número de recipientes para almacenar el agua y semillas. Tal vez alguien advirtió que recubriendo las cestas con barro resulta posible el almacenamiento de líquidos; después uno de estos recipientes quedó cerca del fuego, el barro se coció y lo demás fue fácil.
Con el tiempo, los utensilios de barro fueron más usados que los de piedra.
La alfarería representó un avance notable. Por principio de cuentas, las ollas y vasijas hicieron posible el enriquecimiento de la dieta con alimentos cocidos y no sólo, asados, como tenían que ser antes.
En el Viejo Mundo habían pueblos más adelantados y más atrasados. La agricultura fue puesta en practica en el Asia Menor por el año 8.000 a. C., y un par de milenios más tarde pasó a Egipto, China y la India, pero sólo por el 900 a. C., llegaría al norte de Europa. Entre los 5.000 y 4.000 a. C., los egipcios inventaron el Calendario y la escritura y comenzaron a utilizar el cobre. La gran civilización egipcia inició entonces su portentoso ascenso y por el 1.500 a. C., llegaba a la cúspide y empezaba a decaer.

Los egipcios como los tachirenses han conocido el arado en la Agricultura.

El campesino tachirense tiene como ícono de trabajo el arado de bueyes.

Mesopotamia había servido de asiento a una larga sucesión de pueblos: Sumerios, babilonicos, asirios, entre otros., que rivalizaban en adelanto con los egipcios. Otras civilizaciones adelantadas se localizaban en China y la India. En cambio, por el año 1.500 a. C., los griegos eran un pueblo tan atrasado como algunos pueblos de América.
Al ofrecer en breve resumen las facetas de algunos pueblos de la antigüedad, entramos al Museo del Táchira, donde nos ofrece una gran variedad el pasado prehispánico, pero en este caso de nuestra entidad. Es un cuadro muy apreciable de la ciencia antropológica.
Allí está en su libre desarrollo las manifestaciones culturales de nuestro pasado, haciendo surgir en el visitante pensativo, el fuerte deseo de que sean reconocidos por todos el hecho de que los diversos grupos humanos del Táchira, tribus, pueblos y naciones, dependientes unos de los otros; que todos sin excepción tienen un origen común, aunque sea muy lejano, y que se reúnan en una gran familia altiva y poderosa que sacrificó su vida en aras de la libertad.
Las excavaciones realizadas en diferentes sitios del Estado y cuyos restos encontramos son expuestos, nos lleva a estudiar e interpretar los productos de la múltiple actividad indígena.
"Hoy pocos tenemos las habilidades que dominaba la mayoría de la gente del cuarto milenio (antes de nuestra era)". Sus gustos refinados afloran, por ejemplo, en las representaciones artísticas y en las piezas de cerámica encontradas en muchos lugares del estado Táchira.
Todos esos vestigios hacen suponer que fueron pueblos que llegaron a los valles y a los páramos, a cuyo ambiente se adaptaron sin perder sus costumbres.
Se ha demostrado y se vera en este libro que la cultura muisca perteneció a un ciclo étnico anterior a las invasiones aruacas, pero que recibió influencias de esta última, quizá en un momento tardío de su historia, que hubo un proceso de interacción cultural entre todos los grupos indígenas de la montaña y el valle. Cualquiera que conozca la historia del Arte amerindio sabe que su grado de adelanto está en razón directa al de la cultura que expresa.
En el estudio de las culturas antiguas del Táchira se presenta un fenómeno muy notable y es el de la coexistencia de un patrimonio cultural común; chibcha y aruaco, junto con provincias culturales bien demarcadas y definidas.
Estas culturas regionales de tipo individual están seguramente condicionadas en parte por el factor geográfico.
En la región Norte del Táchira se destaca un elemento cultural muy importante; la utilización del veneno para las flechas y el comercio por los ríos: Zulia, Táchira, Grita, Omuquena, Escalante, entre otros. De igual manera por los ríos: Uribante, Bobo, Frío, Doradas, Lobaterita, entre otros.
Hacer resaltar la unidad de esas culturas que a pesar de los distintos estilos, variedad y riqueza de formas, es necesario; entonces borrar las diferencias morfológicas, cosa imposible por el parecido de la escritura en las piedras de los Omuquena y los Chinatos.
La cultura de éstos últimos es la síntesis de las que la antecedieron y es también la fase cultural última que desde el día de la invasión española se hallaba en plena decadencia.
Durante la Colonia, la organización social que más sobresalió fue la de los blancos. Sin embargo, a pesar de haber pueblos indígenas junto al vecindario español, la población disminuyó sustituida por los mestizos.
Para el 19 de abril de 1810, la población indígena que había sido relegada a un plano inferior surgió con los idealismos de la Libertad inspirados por los enciclopedistas franceses. En el año 1781 causó admiración en San Cristóbal el desfile de indios de Capacho por las calles de la ciudad, armados de palos, escopetas y piedras, secundando la revolución comunera iniciada en La Grita dos años antes.

CAPÍTULO I
EL HOMBRE SOBRE LA TIERRA
Contenido: Presencia humana en Venezuela y el Táchira. El hombre agricultor. Variedad del pasado prehispánico en el Táchira.

Para comprender muchos aspectos de nuestra geografía humana hay que volver la mirada al pasado, un pasado que parece tanto más vivo cuanto más lejano está, precisamente por ser tan profundas sus raíces.
Todavía no se ha publicado una antropología física completa y definitiva de los antiguos pobladores de Venezuela, debido en parte a la ausencia, que historiadores nacionales, han señalado, de conocimientos arqueológicos.
Se sabe que los indígenas que habitaban el territorio de nuestro país se hallaban emparentados con otros grupos americanos, ya por su estatura, ya por su índice cefálico, ya por otras condiciones.
Los estudios lingüísticos realizados durante el siglo XX contienen elementos suficientes para diagnosticar sobre el tema. De acuerdo a este señalamiento y a las clasificaciones lingüísticas se señalan en Venezuela dos de las más extendidas lenguas: La de los arawacos (aruacos), los caribes y hacia Occidente, existían grupos emparentados con los chibchas o muiscas.
En resumen se afirma que los grupos lingüísticos en Venezuela procedían de la hoya amazónica, de la cordillera andina y desde el istmo centroamericano.
En nuestro país existen restos arqueológicos que provienen del Paleolítico. Esto nos lleva al conocimiento no sólo de ese pasado sino de la presencia de seres humanos, durante ese período. Así lo afirma el sabio Cruxent al encontrar en Muaco (Estado Falcón), los restos de un hombre, que según estudios realizados datan de unos 16.000 años atrás, o sea, que pertenecen a la prehistoria, con anterioridad a todo documento histórico.


Hacha Lítica (Autor: Horacio Moreno).


Ese hallazgo corresponde a la cultura paleolítica o piedra tallada. Ahora, transponiendo las oscuridades de la prehistoria llegamos a la claridad meridiana del Período Prehispánico, o sea, el anterior a la llegada de los españoles.
Al pasar revista a los resplandecientes paisajes venezolanos encontramos su arqueología con vestigios amazónicos, de las Antillas y de la América Central, según Osgood y horward, creadores de la teoría de la "H" y apreciaciones de los arqueólogos kidder y Dupony.
De acuerdo a estos señalamientos fue analizada la arqueología venezolana por los sabios Rouse y Cruxent y en su resumen publicado, presentaron una cronología de cuatro grandes períodos fechables que fueron:

El Paleoindio, que se remonta desde 15.000 años antes de Cristo, hasta aproximadamente 5.000 años.
El Meso-indio, más o menos 1.000 años antes de nuestra Era.
El Neo-indio llegaría hasta 1.500 años después de Cristo.
Y el Indo-Hispano sería el resultado de la fusión cultural entre indios y españoles.

En esas grandes épocas que marcaron cambios profundos en el habitante venezolano aparecieron los siguientes utensilios: La piedra de moler, la cerámica, la piedra pulida, puntas de hueso, artefactos de metal, construcción de viviendas, conchas y la actividad agrícola.

Piedras de moler (Autor: Horacio Moreno).

Se dice que "los más antiguos pobladores de Venezuela fueron hombres de cultura paleolítica, es decir, recolectores, cazadores nómadas".
Sobre la llegada del hombre a los Andes se habla de "una cuarta capa de pobladores, formada por agricultores que trajeron sistemas de cultivos y almacenamiento del área andina, de cultura suramericana y por las invasiones de pueblos arawacos y caribes procedentes de la Amazonia".
"Representantes de esta última etapa de migraciones y mudanzas fueron encontradas por los conquistadores europeos", quienes al invadir el territorio venezolano, también tuvieron ocasión de distinguir dos tipos de producción agrícola: El que se practicaba desmontando, quemando y preparando el terreno para después sembrarlo y los trabajos en andenes que consistía en hacer terrazas artificiales, a las que llegaba el agua en canales.
Hay quien señala que las influencias andinas en los alrededores de la Cordillera, se denominaron sub-andina, por estar situadas en un nivel medio, pero que recibió el influjo de las culturas situadas en las tierras altas.
Todos los grupos indígenas del territorio venezolano se caracterizaron por practicar de algún modo la producción de alimentos.

Alejandro Humboldt.

Según el sabio Humboldt en sus Viajes a las regiones equinocciales dice que: "Los indios de la Cordillera y otras tribus sedentarias, sembraban en sus conucos; raíces para su sustento, especialmente la yuca y maíz, los bananos (dominicos), plátanos, guanábanos en las riberas de las quebradas secas, piñas, aguacates, nísperos, mameyes, mereyes, chirimoyas, lechosas y multitud de frutas tropicales; el tabaco en la maleza; el cacao en las grandes valles, a donde iban los indios a chupar la pulpa de la baya, arrojando los granos, que se encontraban a menudo en los sitios en que habían vivaqueado"; la papa, en las faldas y colinas de los Andes.
¿Se inventó en Venezuela, por algún grupo de recolectores muy especializados, algún método de agricultura?
Los antropólogos aceptan que por lo menos dos veces en la historia de la humanidad se inventó la agricultura: Una en el Viejo Mundo y otra en el Nuevo Mundo, siempre por las mujeres.
Se comprueba en Venezuela la aparición de agricultores uno o dos milenios antes de Cristo. También un especialista en distribución mundial de plantas llamado Sauer, ha pensado que el cultivo de la yuca y los medios de utilizarla se inventaron en Venezuela.
La lucha por la supervivencia es característica de los pueblos.
Los cambios en el aparato estatal van acompañados de un aumento de población y de una mayor diversificación interna del trabajo.
El área andina tuvo su profundidad histórica, que es al detalle bastante distinta de otros grupos.

La cultura Tairona aportó conocimientos a los aborígenes de la Cordillera Andina. (Imagen tomada de la artista plástica Alicia Dussan de Reichel).


Han aceptado algunos antropólogos que los arawacos (aruacos) cultivaron especialmente la yuca. "Sin embargo muchos pueblos de esa filiación emplearon como base de sustento el maíz. Los residentes de la selva encontraban, naturalmente, muchos más fácil, el cultivo de la yuca, pero en las costas y en las Antillas, y a veces tierra adentro, tomaron el maíz y lo convirtieron, como la mayoría de los indígenas, en el más resaltante vegetal. Por sus contactos con numerosos pueblos a todo lo largo de la porción selvática suramericana, sirvieron a veces como receptores y a veces como transmisores de conocimientos agrícolas. En ocasiones no puede distinguirse muy bien entre los bienes que difundieron y los dispersados por los caribes, con quienes estuvieron en estrecha relación en grandes extensiones del Continente".
En general, los indígenas practicaban todas las labores agrícolas hasta recoger la cosecha y trasladarla a las viviendas, mientras los hombres cazaban y recolectaban, como complemento de lo obtenido por la agricultura. Habían tribus en las que los hombres limpiaban el campo, y las mujeres sembraban.
En los Andes, el mejor pueblo alimentado era el Timoto - Cuica, que por lo avanzado de sus técnicas agrícolas obtenían abundantes y diversos frutos.
La idea general de los caracteres de nuestros indígenas, su distribución en áreas culturales y otros aspectos se podría estudiar en el Museo del Táchira que funciona en la antigua hacienda de Paramillo. Contiene este Museo importantes colecciones del arte precolombino, que son expuestas en sus salones, transformando la antigua casona en un centro de animación cultural.
El Museo del Táchira podemos decir es una institución que resume nuestra historia. Allí se representan en sus diferentes aspectos la vida del hombre antiguo, sus transformaciones, los objetos del mundo en que vivió, comparando lo antiguo y moderno, el tecnicismo de dos épocas y otros.
El Museo del Táchira fue decretado por el Gobierno del Estado en el año 1980. Su origen fue el Departamento de Antropología fundado el 15 de noviembre de 1976, bajo el gobierno del ingeniero Luis Enrique Mogollón Carrillo.
Los restos allí conservados vivieron su período histórico, si se quiere, un poco complejo, pues las poblaciones aisladas pudieron ser centros de vida social con determinadas técnicas artísticas según lo revela la cerámica, cuyas valiosas piezas resumen creatividad e innovación.
En artículos publicados se habla de la abundancia de cerámica, material lítico, jarras, vasijas pequeñas, huesos humanos, piedras de moler, pulidores, collares de piedra,azabaches, lajas circulares, vasijas medianas y grandes con cuellos abiertos y cerrados, conchas de moluscos y otros. 
En el Museo del Táchira se nos presenta un cuadro muy apreciable de la ciencia antropológica.
Allí hay parte de las manifestaciones culturales de nuestro pasado, pues los diversos grupos humanos del Táchira, tribus, pueblos y naciones, dependientes unos de otros; todos sin excepción tienen un origen común, aunque lejano. 
El estado Táchira cuenta con zonas arqueológicas interesantes, que pueden revelar muchos más sobre la historia de esas agrupaciones humanas asentadas en los valles de la Cordillera, a las orillas de los ríos o en las pequeñas llanuras, donde se fijaron los grupos aruacos, betoyes, jiraharas, y el elemento caribe al norte, todos emparentados con los muiscas de la meseta de Cundinamarca.
Sobresalen en el Museo como algo típico de la edad, el uso de la piedra, que es lo más primitivo que se conoce. Es posible que hayan empleado otros materiales como el hueso, y la madera, pero lo más abundante son los instrumentos pétreos, muy primitivamente bajados.
En cuanto a la cerámica existe una gran variedad en decoración y forma del objeto, pues es allí donde se hallan más interesantes cambios. El esplendor de esta época ya es producto de la evolución cada vez más perfecta.
Y si juzgamos por la conjunción de datos históricos y arqueológicos, los estilos cerámicos, encontramos marcada diferencia, esto nos lleva al convencimiento, que las agrupaciones étnicas no tenían un patrón básico común.
Para conocer e interpretar la dinámica de nuestros culturas nativas se ha hecho un acopio de los materiales, que se exponen en el Museo, donde se representa de modo claro y artístico, toda la evolución cultural de nuestros pueblos.
En el estado Táchira estamos empezando a reconstruir el pasado prehispánico con los restos arqueológicos hallados en las áreas donde se asentaron las antiguas culturas en sus procesos de transculturación.
La cerámica que se exhibe en el Museo del Táchira se nos presenta en diferentes formas: Las hay pintadas en círculos largos y unidos con bordes achatados y las hay mostrando su ausencia de adornos.
Aunque no sabemos qué pueblo sustituyó al antiguo, hay la suposición de una corriente migratoria a través de los ríos: Táchira, Zulia y Pamplonita, cuyo cruzamiento con los grupos existentes en nuestros valles originaron nuevos tipos de cerámica.

CAPITULO II
EL ENIGMA DE LAS PIEDRAS
Contenido: Áreas donde florecieron las culturas de la piedra. Los Chinatos y Lobateras. Los petroglifos de Colón. El cerro Letreros. La piedra del Salado. El horno de los Indios. Un petroglifo en San Simón. La piedra de las serpientes en la aldea San Rafael en el municipio Francisco de Miranda.

En el Táchira se pueden apreciar áreas interesantes que fueron habitadas por grupos de familias prehispánicas, unas independientes y otras, con los elementos expresivos de una cadena de nombres que la capacidad creativa supo dejar como señalamiento entre los ambientes indígenas. La zona donde existieron los pueblos que nos dejaron el enigma de las piedras se hallan en los actuales municipios: Ayacucho (capital; Colon), Lobatera (capital; Lobatera y su parroquia Constitución / Borota), Libertador (capital; Abejales), Libertad e Independencia (Capachos), Uribante (capital; Pregonero), Andrés Bello (capital; Cordero), Sucre (capital; Queniquea), Jáuregui (capital: La Grita), Simón Rodríguez (capital; San Simón), Francisco de Miranda (capital; San José de Bolívar) y Samuel Darío Maldonado (parroquia Hernández). Estos dos últimos a pesar de haber desaparecido sus petroglifos, nos revela que los grupos allí establecidos fueron capaces de desarrollar una cultura propia, notable por los elementos que lo integran.
La estructura de un frondoso árbol, nos dio motivo para optimizar de manera global una apreciación de los ciclos o las etapas sucesivas por las cuales nuestros indígenas nos dejaron ese laberinto de signos grabados en las piedras, forjando una imagen dialectal, imponente en toda su extensión.
Los Chinatos y Lobateras formaron un pueblo que, recogiendo el legado cultural de sus antepasados, los cazadores y recolectores de frutos silvestres, hicieron adelantar considerablemente la tecnología de la época y, sumando sus propias creaciones a las de otros pueblos contemporáneos, dejaron obras de piedra espectaculares que aún desafían y cautivan su destino en la noche de los tiempos.
Los Chinatos en su territorio con ramificaciones hacia lo que hoy es Colombia fue el asiento del poderío indígena que repercutió entre la población española con el temor de una raza enemiga, "tirando a matar y a hacer guerra".
"Los indios Chinatos controlaron ese grandioso escenario que debió aparecer magnífico ante los asombrados ojos de los descubridores venidos de la Madre Patria, pleno de fortaleza de una tierra virgen, intocada en la que los bosques de palmeras semejaron ejércitos de audaces montoneras, dispuestos a la defensa terca del lar nativo".
Los petroglifos existentes en Colón son testigos de una época perdida en su eterno pasado, en ellos se esconden un tesoro arqueológico que revela el asiento de un pueblo poderoso en remotas edades. Sobre una piedra de tres metros de alto y casi dos de ancho, semejante a una silla, se hallan grabadas unas figuras zoomorfas y antropomorfas que los años y la naturaleza no han podido destruir. La antigüedad de estas piedras y sus jeroglíficos nos hacen evocar el pasado esplendor de los antiguos chibchas.

Piedra del Mapa de los Indios (Municipio Ayacucho - Año 1920).-

Hay imágenes de sol, la figura de un cacique, rayas verticales, trabos de manos y pies no unidos, círculos concéntricos, puntos, círculos, figuras humanas imperfectas, trazos parecidos a las ranas en actitud de saltar.
Esta piedra fue soterrada el día 5 de febrero de 1920 a las nueve de la mañana en un hoyo que se cavó a poca distancia del sitio que le dió la raza que en época remota lo erigió; pero gracias a los esfuerzos de los señores don Ernesto Croce, don Carlos Pagnini y don J. Ceferino Chacón M.,  fue desenterrada y permaneció en la calle Bolívar de Colón, pero después de haber perdido su primitiva posición y orientación que tenía tanta importancia para estudios arqueológicos, antropológicos y etnológicos de esta región. Actualmente la Piedra del Mapa, como se le conoce se halla en uno de los patios de la Escuela Francisco de Paula Reina.
¿Qué mensaje, de qué edades pretéritas provienen esas misteriosas inscripciones? La primera impresión de estos mensajes en las piedras pareciera por su obstinada permanencia, un gesto de rebeldía contra la omisión histórica de que han sido objeto nuestros pueblos originarios. Acaso se cumple aquella frase de "cuando las piedras hablan, los hombres tiemblan".
La piedra grabada por los aborígenes en Colón tiene cierto parecido a las que se encuentran en Anacutá, Gámeza y Pandi en Colombia. 

Petroglifo N° 1. Denominado "Piedra del Mapa" - Cara oriental del petroglifo -. Fotografía tomada  con fines didácticos de la Guía General de Venezuela de Benett.


Petroglifo N° 1. Denominado "Piedra del Mapa" - Cara occidental del petroglifo -. Fotografía tomada con fines didácticos de la Guía General de Venezuela de Benett.


Petroglifo N° 2. que estaba situado en la casa N° 204 de la carrera de la Federación - Colón. Fotografía tomada con fines didácticos de la Guía General de Venezuela de Benett.


Las piedras esculpidas tanto en Colón como en Lobatera demuestran un parentesco ergológico.

Petroglifo N° 3. La piedra del Indio - Lobatera.


El grupo de glifos o signos individuales parecen representar la vida de la tribu. Hay glifos tan seguidos en las inscripciones pétreas, tan recargadas de símbolos que resultan imposible de entender, la escritura secreta, la esencia del pensamiento que nuestros indígenas ocultaron celosamente, durante milenios a las miradas de los pocos mortales que se acercan a ellas con ánimo inquisitivo.
Sabemos de otros sitios de los municipios Ayacucho y Lobatera donde se hallan monumentos similares, petroglifos que datan de la época paleográfica, esculpidos en bajo relieve con iconografía ideográfica y signos de escritura, que parecen por su semejanza, progenitora de las que se han encontrado en los más antiguos monumentos de las primitivas civilizaciones egipcias e indias.
La piedra del Indio en el sitio de Angostura de Lobatera tiene parecido a lo descrito con anterioridad.
Se dicen que los petroglifos eran adoratorios, donde los aborígenes rendían culto a sus dioses. Otros se inclinan a creer en señalamientos que hicieron los aborígenes para sus límites territoriales, pues la ubicación de estas piedras siguen como una linea divisoria. También se le señala como zona de peligro.

  
Petroglifo N° 4. Altar de los sacrificios de los indios Lobateras.


El territorio de los Chinatos quedaría demarcado dentro de estos señalamientos de: La piedra del Indio de Lobatera a otra en las montañas de Cazadero, de esta a la aldea Peronilo, de aquí a Colón, luego al Salado de la parroquia Hernández, siguiendo a La Grita, Seboruco, Omuquena (antigua Uruquena), para volver a Lobatera.
El ilustre científico don Lisandro Alvarado dice lo siguiente en sus escritos: "Suele llamarse estas pictografías, en algunos lugares del país, y letreros en otros. Los indios le dan una demostración semejante, por ejemplo: "Tepu-merene" (peña pintada) entre los antiguos Tamanacos; "Timeri" (pintura, los caribes del Roraima); "Ippa-ianata" (piedra pintada) de los Banivas".

Petroglifo N° 5. La roca de trisquel o piedra estelar de los espirales - Lobatera.-


Don Lisandro Alvarado ya decía en su época que "no se ha llegado a dar con la clave de estos grabados, que son muy numerosos en el Alto Orinoco. En los del Casiquiare parece haber más que en otros profusión de figuras humanas. El círculo que tanto papel juega en los usos de la vida indígena, es por de céntrico, o con un radio o un diámetro, o con dos diámetros en cruz, a bien un diámetro y un radio perpendicular a él; pero también se observan cuadrados, triángulos, ángulos, líneas rectas, curvas o quebradas, etc".
Toda la zona descrita de Colón y Lobatera se revela como un centro arqueológico de extraordinario interés cuyo estudio exhaustivo necesita tiempo y dedicación.
Veamos algunas curiosidades de otros petroglifos que no se revelan en ningún texto:
En Borotá, el cerro Letreros presenta cierto misterio e uno de sus costados, donde la pictografía puede que traduzca episodios de su historia o mitos heredados de sus progenitores. El tiempo se ha encargado de tapar esas pinturas o escrituras jeroglíficas. La capa vegetal que las cubre en su agreste soledad las protege. es posible que los Aborotáes hayan escrito páginas de su pasado en la masa petrificada del cerro Letreros. Lo grandioso de esa colosal inscripción está en su rica pictografía que "son mudos elocuentes epitafios de las pasadas generaciones". Los letreros del cerro que lleva su nombre en Borotá ofrece semejanza con las inscripciones de las piedras de Colón.
En otros sitios del Táchira se encuentran una gran variedad de petroglifos que pudieron tener su importancia en la gran familia indígena.
Señalaremos esos monumentos del pasado que aún desafían las edades, como un acto heroico del espíritu creador de las primeras manifestaciones culturales del Táchira. Seboruco y Omuquena ofrecen también una gran variedad de estas pictografías.


Petroglifo N° 6. Sector San Diego de Seboruco (Archivo: David Castellanos).


Petroglifo N° 7. La piedra de los Siburukus (Foto: Miguel Salamanca).


Petroglifo N° 8. La piedra de los Yerros - Seboruco (Archivo: David Castellanos).


En Queniquea, en el sector San Felipe de la aldea San Isidro encontramos otro petroglifo.

Petroglifo N° 9. La piedra de los Indios - Sector San Felipe - Queniquea - (Foto: Nestor Rojas).-


En El Salado, sector de la parroquia Hernández del municipio Samuel Darío Maldonado hay una piedra con sus dos caras mirando dos puntos cardinales: Norte; huellas de animales de caza: Acure, lapas, cachicamos, venados, dantas, marranos de monte, entre otros. Sur; serpientes como la rabo Amarillo, coral, tragavenados, bejuca, mapanare, cacaurel, terciopelo, tigra, cuatro narices, entre otros, todas cuidadosamente marcadas.
No deja de impresionar estas verdades ocultas en poderosa evocación. Ambos lados de la piedra ofrecen sus dominios a los animales mencionados, sin que unos y otros se reúnan. ¡Ay!, del que se interne en el imperio de los ofidios.
En Angostura de San Simón, una piedra semejante a un horno es una curiosa manifestación del arte indígena.

El Horno de los Indios (Foto: Horacio Moreno).-


Sobre una piedra perdida en un cafetal, en una finca de San Simón, algunos rasgos de la cultura de los indios Yegüines quedaron grabados como una atestiguación de su paso por estas tierras. Rudos espirales abundan con figuras humanas, puntos y una tremenda heterogeneidad harto curiosa de trazo lineal. Hay similitud con otras piedras dejadas por nuestros antepasados en Palmarito, Colón y El Cobre. Como caracteres generales podemos clasificar esta cultura dentro del grupo aruaco, según las siguientes observaciones: 1.- Predominio de serpientes. 2.- Presencia de dos serpientes enlazadas por una misma linea. 3.- Presencia de figuras zoomorfas, muy estilizadas.
Como caracteres específicos de los Yegüines le señalamos el zoomorfismo inspirado en elementos locales. Resaltamos hechos curiosos como los espirales enlazados con las demás pictografías. ¿Que mensajes dejarían a la orilla del camino, que los siglos aún mantienen intactos? Creemos que es un esfuerzo colectivo que ha aportado ideas y uno sólo, el que ingeniosamente se encargó de grabar la figura que, aunque imperfectas tienen un interesante valor arqueológico. El escritor norteamericano Stephen King expresa que la espiral "era la más antigua señal de poder del mundo, el símbolo más antiguo con el que el hombre representa el tortuoso puente que podría existir entre el mundo y el abismo".
Cabe recordar que todos los instrumentos del hombre americano demuestran una prodigiosa antigüedad y pudo haber sido producto de pueblos perseverantes, afectos al suelo y sumisos. Las particulares reflexiones sobre esos objetos inanimados tuvieron el poder de mantener el sentimiento y en el petroglifo de San Simón como en todos los demás, cuya presentación trabada y de lectura incomprensible apreciamos los diferentes estados de "barbarie y de cultura" de nuestros aborígenes.
El enigma de las piedras grabadas a lo largo y ancho del territorio tachirense es inescrutable.

Petroglifo N° 10. El petroglifo de San Simón o "Piedra de los Yegüines.- (Foto: Horacio Moreno).


Un caso extraño es la piedra de las serpientes que estuvo ubicado en la aldea San Rafael del municipio Francisco de Miranda, capital: San José de Bolívar, parece que era un sitio de culto a la diosa de las aguas; Babu o Bachue, que en muchas culturas prehispánicas tenían en la Anaconda como divinidad y creadora de ríos y quebradas, esta piedra fue lanzada a un pantano que esta en la comunidad por un sacerdote que creía este petroglifo como un altar a lo demoníaco, lo que se pudo recabar de los informantes de la comunidad es que dicha formación pétrea estaba tatuada por llamarlo así de las diversas serpientes de la zona y en la cúspide estaba la Boa.
Cada una de estas grabaciones pétreas puede contener un rito, probablemente sea un patrón gramatical, donde su prosa evoca las preciosas estampas del ayer. Hay quienes dicen que esas pictografías podrían alegrar el camino de viandantes, entonado por la unidad indígena a sus divinidades.
Hay otras localidades donde los aborígenes labraron la piedra, lamentablemente no las nombramos por carecer de mayor información, no obstante haberla solicitado se nos negó esa colaboración.
Parece que esos recuerdos del pasado se funden en el paisaje, donde sólo la luz se hace presente a las interrogaciones del indio y su creación.
Es posible que en esas piedras haya poesías escritas o manifestaciones literarias. En los pueblos prehispánicos existieron conjuntos sociales, bien definidos por las obligaciones, atribuciones y deberes que cumplían y respetaban con religioso cuidado.
¿Quién puede dudar que las invocaciones a las divinidades no era un renacer de nuevas esperanzas?
"Los efectos de ese mensaje poético iba más allá del lenguaje funcional". Asombra cómo el humanismo indígena y el código de la poesía hayan estado durante siglos rodeado de misterios. Los arqueólogos han llegado a sentar teorías fantásticas sobre las figuras dibujadas en estas piedras.
En este breve recuento hemos consignado los datos de ese remoto pasado tachirense. No esta completo el estudio. Las lagunas halladas podrán llenarse con el tiempo; es decir: al reconstruir con detalles otras etapas del acontecer indígena. Queda pues, al cuidado de los antropólogos hacer conocer todas esas manifestaciones que aún quedan en el panorama tachirense. 

CAPITULO III
GRUPOS ABORÍGENES DEL TÁCHIRA
Contenido: Generalidades del territorio tachirense. El medio ambiente. Áreas culturales. Los Muiscas o Chibchas. Los Aruacos (Arawacos) y los Motilones (Bari).



Al describir el relieve del estado Táchira debemos considerar las siguientes regiones principales:

La Cordillera de los Andes: Probablemente no se encuentra en Venezuela ningún territorio que presente tantas perturbaciones, irregularidades y alteraciones como el del estado Táchira. La cordillera andina tiene y mantiene una orientación del suroeste al noroeste y halla dividida en dos sierras a derecha e izquierda de sus valles principales interiores.

La Depresión del Táchira: Relaciona las tierras del sur del Lago de Maracaibo con las tierras planas de los llanos occidentales.

Montañas del Tamá: Corresponden a las estribaciones finales de la cordillera oriental colombiana, que entra a Venezuela por el páramo El Tamá (3.379 mts) y pasan por el páramo de Santo Domingo para llegar hasta el contacto de la Depresión del Táchira con los llanos occidentales.

Ramal de Uribante: Paralelamente a la Cordillera de Mérida entre la Depresión del Táchira, las nacientes del río Camburito y el páramo del Molino, se presenta esta unidad compuesta por serranías y colinas de complicado relieve cuyas alturas van descendiendo a medida que se acercan a los llanos occidentales.

La región de los valles es muy importante, ya que allí se asentaron las culturas indígenas y hoy son zonas de economía que identifica las manifestaciones sociales con su desarrollo y fortalecimiento en las actividades mercantiles, entre otras.
De los valles de la Cordillera de los Andes se asentaron las agrupaciones humanas, cuyas manifestaciones culturales han suscitado muy variadas interpretaciones en cuanto a su origen, dando motivo a una valorización de los distintos pueblos y grupos tribales.
El medio ambiente, su modo de vivir, sus adelantos económicos y sus actividades diarias, así como también las expresiones importantes de su vida espiritual no han sido suficientemente aclaradas.
La antigua sospecha, de que la llamada transformación del mono pudo haberse efectuado una sola vez en cualquier lugar de la tierra, llegó a ser considerada como verdad histórica. De este hecho, de capital importancia se pueden derivar todas las formas del cuerpo humano y los tipos raciales de todos los tiempos.
Sin embargo, por encima des esas opiniones científicas prevalece aquella voluntad divina expresada en el Génesis, generalmente admitida y cuyo resultado fue el hombre hecho a la imagen y semejanza de Dios.
Tomamos en cuenta dentro del territorio del Táchira, las zonas climáticas, donde los bosques y montañas sirven de medio colonizador para fomentar el desarrollo agropecuario.
Sobre etnozoología se considera la fauna muy rica y variada sobre todo en animales domésticos y salvajes.
En etnobotánica, las plantas como: Palmas, árboles maderables, fibras, alimentos, condimentos, venenos y medicinan abundan tanto en calidad como en cantidad.
Para el estudio de la cultura tachirense se podrían reconocer tres áreas de modalidades culturales:

a) Chibchas o Muiscas.
b) Arawacos (Aruacos).
c) Los Motilones (Baris).

El área cultural es un territorio circunscrito dentro del cual se encuentran reunidos ciertos rasgos que pueden existir aislados en otros sitios.
Lo que caracteriza así al área cultural es la existencia de un conglomerado de caracteres unidos en función de utilidad y aprovechamiento dentro de ciertos límites geográficos.
Al reconstruir las culturas indígenas de nuestro país se clasificaron muchas áreas culturales, tomando como punto de partida el año 1500 A. C. y señalando de un modo general el Área de los Andes venezolanos (Timoto-cuicas), el Área de los Caribes occidentales y otras. El modo de analizar un país por sus áreas culturales, ya no aparecen con la primera importancia los nombres de las tribus, vale la pena, eso sí, hojear la propuesta de Miguel Acosta Saignes, en lo referente al Táchira:

Mapa etnográfico del Táchira por Alfredo Jahn y Áreas Culturales del Táchira
según Miguel Acosta Saignes (Autor: José Antonio Pulido Zambrano).


Hasta ahora podemos decir que los orígenes oscuros de nuestra civilización aborigen se muestra en todos los aspectos; no se ha determinado con relativa exactitud el momento en que fue más abundante cierto tipo particular de cerámica, ni tampoco se ha corroborado las conclusiones respecto al desarrollo tipológico de artefactos, pues los yacimientos hallados en las excavaciones que se han hecho en diferentes sitios del Estado nos muestran las características de la cerámica, que se exhibe en el Museo del Táchira, las cuales se consideran del período IV de la época Neo-India y comienzos del Indo-Hispano (300 d. C. - 1000 d. C.).



LOS MUISCAS O CHIBCHAS

La cultura de nuestros indígenas tachirenses recibió influencia de los Muiscas, mucho antes de la invasión aruaca, así lo demuestra la cerámica e infinidad de figurinas encontradas sobre todo en las tribus de la Cordillera. Don Tulio Febres Cordero señala el parecido cuando dice: "La cultura andina es producto de grupos étnicos emparentados cultural y de forma lingüística con los Muiscas de la meseta de Cundinamarca - Colombia". 

Los Muiscas o "Chibchas", la designación original es de Muiscas que traduce "hombres", mientras que "Chibcha" es un mote inventado por sus vecinos a causa de la abundancia de ches en este idioma. Ejemplos: Chuscua, hichagua, chica, bochica, cho, chue, chunso, Ichichupena, entre otras.

Eran pueblos dedicados al cultivo del maíz, patatas y quinoa; en la tierra caliente cultivaban mandioca y algodón. La quinoa es una planta anual alimenticia. Sus hojas se comen como la espinaca.


Pueblo Muisca o Chibcha (Maqueta en barro de Cecilia Vargas).

Con el oro hicieron muchas figuras. Se les consideran verdaderos orfebres. Los collares, las argollas, coronas y multitud de adornos. Los grabados de piedra, se dice, son pequeños cuadros de costumbres. La piedra labrada en forma de columnas sobresalen en alguna partes de Colombia.

El profesor Horacio Moreno con un ídolo aborigen de la etnia Babukena (El dios Ba 
(o Sua, el Sol, de influencia muisca) y una hacha lítica de su Archivo particular.


La figura N° 1, solida, sentada, altura: 21.5 cm. Anchura: 7.5 cm. Largo: 13 cm. La manufactura es rústica con desproporción en algunas partes. Curiosamente presenta un abultamiento en el maxilar derecho. ¿Hay afinidad con los dioses Muiscas? Rescatada en un altozano de la quebrada de los Indios de la aldea Los Paujiles del municipio Francisco de Miranda. Véase las similitudes con la figura N° 2, un ofrendatorio hecho en la cultura Muisca o Chibcha colombiana. 



En religión tenían muchos dioses:

Chibchacun: Dios de las fuerzas de la naturaleza. 

Bachue: Diosa que representaba el principio germinador de la Naturaleza, fue la madre del género humano. 

Sua: Representaba el Sol. (En Táchira dentro de la cultura Babukena existió la aldea Sunesua). 

Bochica: Fue el Dios civilizador. 

Chía: Diosa que preside la noche; la Luna.

Entre los Muiscas o Chibchas se usaba el vestido. Los hombres se cubrían con una manta de algodón y las mujeres con una manta que les caía hasta los pies. Sobre los hombros llevaban otra manta (ruana), la de las mujeres era sostenida con un alfiler de oro. 
Las casas o bohíos eran construcciones diferentes en forma circular o rectangular, paredes de bahareque con pequeñas claraboyas que hacían de puertas o ventanas. 

Pueblo muisca realizando sus casas (Maqueta de barro por Cecilia Vargas) 


Los instrumentos de trabajo eran de madera o piedra, usaban el cuchillo, cinceles, hachas de piedra, husos de arcilla o piedra para hilar el algodón.

Los plantíos los regaban por medio de acequias o acueductos de madera.

Las principales industrias fueron las del algodón, cerámica, orfebrería y la explotación de las minas de sal y esmeraldas.






Los caminos eran trochas o veredas angostas, por donde cabía una sola persona.

Usaban la canoa o balsas por los ríos. Cargaban los productos en la espalda los hombres y las mujeres.
El comercio era variado. Intercambiaban la sal, mantas, cerámicas, joyas de adorno, pequeños discos fundidos en moldes, sin marcas. Habían mercados en los pueblos importantes.
La familia estaba sometida a un régimen despótico. La mujer era esclava y no compañera del marido. Imperaba un régimen patriarcal. El matrimonio no tenía ninguna ceremonia. Los padres de la contrayente averiguaban si el indio trabajaba, entonces se la entregaban. La poligamia existía entre los Chibchas.
La educación de los hijos se reducía a hacer hombres fuertes y capaces de trabajar. Después de los 12 años el niño aborigen ayudaba a sus padres en la agricultura.
Estas es a grandes rasgos la cultura Chibcha que luego se proyectaría en los actuales estados Táchira y Mérida, donde dejaron huellas de su bagaje cultural, que rememora una época fecunda en ese proceso de ideales que se hicieron incógnitas en los pictogramas de la piedra.

LOS ARUAKOS O ARAWACOS.
Las tribus aruacas que se encontraban en la Cordillera de los Andes tachirenses y las márgenes del río Apur (Apure), dejando una cultura evocadora de su vivencia.
¿De dónde procedían?
Desde las montañas de la costa de Coro hasta las riberas del río Meta y Orinoco estas tribus penetraron a los valles de la Cordillera, atraídos por la cacería y la pesca. Se detuvieron en los valles cerrados por la presencia de altos páramos que los obligaron a retroceder debido a las inclemencias del clima, ya que no estaban acostumbrados al frío, sino al calor sofocante de los llanos y la falta de abrigo para cubrir su desnudez los hicieron crear el vestido hecho con algodón.


Mujer Aruaca por John Gabriel Stedman.

Por los ríos Quinimarí, Torbes, Santo Domingo, Ticoporo, Canaguá, Pagüey y Suripá. Los aruacos llegaron a la zona de los Andes, dejándonos una nómina de gentilicios que hoy suenan en la geografía, como una ofrenda de la raza, que en su impenetrable silencio nos habla de milenios de cultura talladas en la piedras, que adornan muchos lugares del suelo tachirense.
En algunos sitios del Táchira hallamos nombres geográficos y gentilicios que tienen sonidos semejantes, por ejemplo: Umuquena o Uruquena, Babuquena, Caricuena, entre otros.
¿Cómo se poblaron los Andes venezolanos?
Algunos etnólogos afirman que en todo el territorio andino hubo una antigua capa aruaca combinada con elementos chibchas.
En los Andes venezolanos se comprueba además, en los valles cercanos a los llanos y en el pie de monte, influencias amazónicas, tal vez caribes, en algunas zonas.
Los arqueológos han señalado insistentemente parentescos con la zona centroamericana, y aquí surge el problema permanente de toda comparación y rasgos: ¿Se debe a migraciones? ¿Se deben a traslados comerciales a través de largas distancias, sin traslado de grupos humanos, sino por simples intercambios en las regiones limítrofes? No es posible todavía conocer con exactitud la procedencia de los habitantes de los Andes venezolanos en el siglo XV debido a la falta de estudios estratigráficos en la región.
Lo que es seguro es la extensión del tronco lingüístico chibcha, colocado justamente entre Mesoamérica y la región dominada por los Incas, núcleo principal de la cultura andina.
Como representantes de los idiomas chibchas parece haberse encontrado en Venezuela los betoyes, jirajaras y timoto-cuicas. Estos últimos tenían su habitat en Mérida y los Cuicas, con centro en el territorio trujillano.
El doctor Mario Briceño Iragorry propuso por su parentesco lingüístico que esas tribus fuesen nombradas conjuntamente como Timoto - Cuicas.
Al llegar los españoles a las costas de Venezuela, comprobaron profundas diferencias entre dos tipos de pueblos: Los que ahora llamamos en forma global caribes y aruacos. Aquellos resistían a los invasores, peleaban, se negaban a veces a entrar en contacto con ellos, aprendían de manera rápida el manejo de los elementos culturales aportados por los navegantes europeos, hasta utilizarlos contra éstos mismos, para defenderse; eran guerreros tradicionales y defendían su suelo con decisión y fiereza.
Los aruacos o arawacos, en cambio, sobreponían las relaciones comerciales a la violencia necesaria y eran amigos de largos parlamentos y esperas, de negociaciones, de intercambios de todas clases. Los españoles llegaron a llamarlos genéricamente "guatiaos", que significa amigos benevolentes.
De forma histórica, el estado Táchira constituye una extensa zona de diversos climas donde los pueblos llegados crearon formas productivas, instrumentos, maneras de aprovechamiento de los elementos naturales. Se dieron a través de las edades profundas mutaciones: El de los recolectores primitivos a los recolectores cazadores y pescadores especializados; de éstos a los agricultores. Se trata de un grandioso escenario donde a través de los tiempos, desde hace veinte a treinta mil años, han ocurrido adaptaciones y triunfos humanos; transformaciones climáticas del hombre en todas partes, con aciertos y errores; superaciones y tropiezos, alegrías y amarguras. En todo ese acontecer hay la lección de un permanente esfuerzo, de un irrenunciable empeño para progresa, de un ejemplo de tenacidad y esfuerzo creador.

Armas de los aborígenes tachirenses.

1.- Flecha y arco. // 2.- Pico o chuzo. // 3.- Cerbatana. // 4.- Macanas.



LOS MOTILONES Ó BARI

Las noticias dadas sobre la existencia de las etnias que se hallaban al Sur del Lago de Maracaibo y las cuales sobresalían en sus diferentes aspectos culturales y estructuras económica, se tomó muy en cuenta aquellos pobladores conocidos con el nombre de Bari cuyas costumbres de cortarse el cabello, hizo que los españoles le dieran el nombre de "Motilón", palabra que viene del verbo "motilar", o sea "cortar el cabello".


También en el Perú, los motilones hallados por Pedro de Ursúa sobre el río Huallaga recibieron este nombre por la misma causa de llevar rapado el cabello.

Refiere el doctor Alfredo Jahn en su estudio sobre Los Aborígenes del occidente de Venezuela (Tomo I), lo siguiente: "La voz genérica motilón es de pura cepa castellana y se aplica a los que usan el cabello cortado al rape".

Por su parte el Hermano Nectario María dice: "Por motilones se viene designando desde ya muy entrado los tiempos coloniales a una extensa familia de origen Chibcha cuyo nombre suplantó a los primitivos Pemones, Quiriquires, a cuyos grupos lingüísticos pertenecían las parcialidades de estos aborígenes que poblaban las regiones del sur del Lago de Maracaibo, principalmente los últimos, radicados en las desembocaduras de los ríos Catatumbo, Escalante, Chama y que se extendían a lo largo de las corrientes del primero".

La voz genérica "motilón" aparece por primera vez en el año 1627 cuando fue publicada la obra Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme de las Indias Occidentales de Fray Pedro Simón en la que se refiere al término motilones en el itinerario seguido por Tolosa y su gente en su Noticia cuarta, después que dejó el valle de Cúcuta, "entro en tierra de los motilones" habiendo tenido que contramarchar por falta de provisiones para su tropa. Esta noticia la copia Lucas Fernández de Piedrahita, quien menciona, además, otras naciones incluyendo erróneamente junto con la de los motilones en la de los Chitareros, dice Fray Pedro Simón. 
De igual manera Oviedo y Baños dice lo siguiente: "Se hallaba Alonso Pérez de Tolosa en el valle de Cúcuta, donde luego que lo sintieron entrar los naturales, desamparado sus bujíos (bohio) se retiraron a una casa fuerte, guarnecida de doble palizada y sembrada a trechos de troneras para el disparo de flechas, a cuyo abrigo se portaron con tan vigorosa resistencia, que aunque los acometió en ella Alonso Pérez de Tolosa con muerte de tres soldados y algunos caballos, se vio obligado a desistir del combate y pasar sin detenerse hasta el río Zulia; y habiéndolo esguazado, se fue entrando por el territorio de los indios motilones, hasta penetrar en la serranía que habitaban los Carates, a las espaldas de la ciudad de Ocaña, por la banda del norte, en cuyo rumbo, además de lo áspero y despoblado de la tierra padeció tanta necesidad con la falta de bastimento, que caminadas ya siete jornadas se vio precisado a retroceder, volviendo otra vez al valle de Cúcuta", no se sabe si hubo enfrentamientos o tratos con los naturales conocidos como Motilones, quienes habían sido los amos de esas extensas comarcas y han dejado su evolución cultural, en la selva misma, inspiradora de tales adelantos, así como de la costumbre de cortarse el cabello.


Familia Motilón del Sur del Lago de Maracibo.- 
(Dibujo de José Antonio Pulido Zambrano - Año 2017).

La narración de Oviedo y Baños demuestra que el itinerario seguido por Alonso Pérez de Tolosa a su salida de Cúcuta, debió conducirlo al río Catatumbo, después de atravesar tierras habitadas por los indios motilones y que en las montañas por donde corre el mismo río, vivían los Carates, parcialidad que como ya se dijo estaban en la serranía montañosa del territorio colombiano. Esta región del río Catatumbo al norte de Ocaña, hasta su unión con el río de Oro, es todavía el refugio de los motilones, de suerte que ha sido de dominio absoluto de éstos, en los últimos cuatro siglos. En la jornada realizada por Pérez de Tolosa en 1547 quedó descubierto el Táchira, y aún más, el doctor Aurelio Ferrero Tamayo, dice que en esta expedición se trazó el primer mapa tachirense. 


De los motilones se afirma que provienen de los indígenas caribes que habitaron la zona del Sur del Lago de Maracaibo y fueron obligados a refugiarse en las montañas de Perijá. Hay otra hipótesis más lejana que habla de "grupos de lengua chibcha llegados a la Sierra desde territorio colombiano".

También es posible su descendencia indirecta de la raza de los chibchas, de la cual don Tulio Febres Cordero en su estudio sobre los indios del occidente de Venezuela, señala los rasgos etnográficos de la gran familia indígena y los compara con aquella "cuyo imperio ocupa el tercer lugar en el orden jerárquico de la antigua civilización del Nuevo Mundo".

Hay una alusión del doctor Julio Cesar Salas sobre la descendencia tribal: "Todas las tribus que vivían en las riberas de los ríos que desembocan en el Lago de Maracaibo, deben considerarse de origen motilón". 

De acuerdo a este señalamiento pertenecen a este grupo los aborígenes: Omuquena, Orope, Yeguines, Buroquías, Chinatos, Lobateras, entre otros.

El territorio en el cual se ubica a los motilones se halla en la frontera occidental de Venezuela con Colombia. Allí existieron los aruacos o arowack y caribes representados los primeros por los guajiros y paraujanos y los segundos por los motilones, que moran en las selvas de la sierra de Perijá y Ocaña, en los valles que descienden al oeste de Machiques y en los ríos: Catatumbo, Tarra y Sardinata. Por el oeste se extiende el dominio de los motilones hasta el valle del río Cesar en la vecina República de Colombia, donde se les ha reservado una zona llamada "Territorio Nacional de los Motilones".

A estos indígenas se les señala seis períodos históricos que empiezan con la exploración de la región del Lago de Maracibo hasta la entrada pacífica y coexistencia de los motilones entre sí y con el resto del país.

Como se ve, en esas épocas hay guerras, intentos de pacificación y una enemistad que se aferra en el indígena hasta preferir la profunda soledad de la selva, antes de establecer contacto con el mundo civilizado. Se habla de pequeños grupos que se mantienen "en una situación casi autóctona".
En cuanto a sus áreas de producción, los motilones cultivan el maíz, algodón, caña de azúcar, yuca, piñas y bananos.
Los bohíos son grandes con techos de lucateba. Las armas son idénticas a los de Colombia. Consisten en arcos y flechas que se distinguen de los de los guajiros por su gran tamaño y por el material de que están fabricados. Los arcos son de macana o de otra palmera semejante, miden 1,92 metros de longitud y tienen una sección central elíptica de 35 x 15 milímetros.

Vivienda de los motilones (Archivo Miguel Acosta Saignes).-


La vivienda indígena ofrece diferentes peculiaridades según la región en que habitan unas y otras tribus, acomodadas a condiciones climáticas de cada ambiente. En la imagen que nos antecede se ve el tipo de choza propia de los motilones, entre quienes encontramos construcciones de base circular de manera simultanea con otras cuadrangulares.
Los motilones producen el fuego del mismo modo que todos los pueblos primitivos, esto es, por fricción de dos pedazos de madera.

En las ceremonias de entierro bailan hombres y mujeres alrededor de los individuos que llevan los despojos y luego se retiran éstos. A su regreso el grupo de acompañantes y después de haber guardado los huesos son recibidos los portadores con grandes gritos y unos a otros se lanzan puñados de las hojas de cierta planta trepadora. Todo esto bajo la influencia embriagadora de abundantes libaciones de chicha. Aunque lo que antecede se refiere a los motilones colombianos nos ha parecido interesante su reproducción, porque se trata de la misma tribu a la cual pertenecen los motilones de Venezuela.

La chicha preparada con maíz fermentado, tal como lo usan otras tribus de América, es su bebida favorita y en las fiestas consumen cantidades fabulosas de este brebaje, hasta quedar rendido en la más completa embriaguez.

Los motilones para dormir suelen tenderse en el suelo sobre esteras y petates, pues no usan ni el chinchorro ni la hamaca de otros pueblos de origen caribe.

Desde el punto de vista lingüístico como del cultural, dan la impresión de ser una parcialidad caribe, de mucho tiempo separada del grupo principal, puesto que ya ha adoptado algunos elementos que son manifiestamente de origen occidental aruaco como los morrales, los gorros, las batas, entre otros.

Los motilones hablan pausadamente, alargando los sonidos y usando muchas veces, las vocales largas. Al final de las palabras alternan algunas veces la "S" con el sonido "sh".

Oficio principal de las mujeres es el tejido del algodón de influencia andina, que cultivan en las lomas de las montañas. Las telas que fabrican son gruesas con rayas de color. Los hombres usan una especie de bata cerrada, con abertura para la cabeza y los brazos.
Las mujeres se cubren con una tela arrollada sobre las caderas.

El explorador Battista Venturello con un grupo de indios motilones, en la selva colombiana.



Reunión de mujeres de la tribu Maraca, en las cercanías del Catatumbo, 

de los indios motilones, departamento de Magdalena en Colombia. 



Hay muy poca información sobre los elementos culturales de los indígenas de la Cuenca del Lago. Sin embargo se habla de múcuras de barro, asientos de madera, fiestas, uso del tabaco, adoratorios, alfarería en la que sobresalen las ollas grandes y pequeñas. La economía basada en la pesca e intercambio de productos con pueblos situados en las orillas de los ríos o en el Lago.
Algunos utensilios de los motilones, dice Alfredo Jahn nos hace pensar en un posible contacto anterior con los Muiscas (o Chibchas).

Don Tulio Febres Cordero en su estudio sobre los indios del occidente de Venezuela, señala los rasgos etnógraficos de la gran familia indígena y los compara con aquello "cuyo imperio ocupa el tercer lugar en el orden jerárquico de la antigua civilización del Nuevo Mundo".



CAPÍTULO IV


CULTURAS INDÍGENAS DEL TÁCHIRA

Contenido: Consideraciones generales sobre los indígenas tachirenses. Los Chinatos. Los Capachos o Capuchos. Los Corcas o Zorcas. Los Omuquenas ó Uruquenas. Los Kinimaríes. Los Yegüines y Buroquías. Los Kenikes y los Babukenas.




La población prehispánica que vivió sobre el suelo tachirense dejaron numerosas muestras de su pasado, como la cerámica y utensilios de piedra.


Es posible que algún día se conozca con detalles lo sucedido en las diferentes etapas por las cuales pasaron.

En breve resumen presentamos las características de esos pueblos con ausencia de exageraciones o distorsiones. La objetividad tiende a dos fines: El conocimiento por primera vez, de los caracteres de ciertos grupos indígenas y la reconstrucción de sus modos de vida.
Según tal criterio, al estudiar las parcialidades en sus diferentes ambientes nos acercamos a sus elementos culturales, sin presentarlos como únicos dentro de ese conjunto complejo, que posee semejanzas y diferencias entre otros grupos genéticos.
Los Chinatos, guerreros, altivos e indomables cuyas características de un pueblo salvaje, destinados por la naturaleza a imponerse por el terror, el saqueo y la violencia.
Los Capachos o Capuchos tienen un ciclo histórico de creatividad en el barro de sus dominios. Crearon respuestas culturales y formaron patrones tradicionales de su vida colectiva.
Los Corca o Zorca de estructura social desarrollada según la exposición del historiador Fray Pedro de Aguado.
Los Omuquenas de tradición motilona, pertenecientes a lo que antiguo se conoció como Pemenos.
Los Kinimaríes
Los Yequines y Buroquías
Los Kenikes, la cultura más antigua
Los Babukenas y su tradición al agua en ritos y mitos.

LOS CHINATOS
Entre los grupos mencionados sobresalen los Chinatos como nación belicosa, después de los motilones. Se dividían en numerosas tribus y parcialidades independientes unas de otras y tal vez de diferentes dialectos si se atiende a la toponimia de las localidades: Los Aborotáes y Lobateras, entre otras tribus menos importantes por sus costumbres y unión contra los españoles, se puede formar con todos para su estudio la agrupación etnográfica de los Chinatos.
El conquistador y colonizador español conoció de sus artes guerreras con poblaciones vecinas, entre ellas "la dicha ciudad de La Grita y villa de Sanct Cristóbal deste gobierno ambos pueblos confinan y alindan con una provincia que llaman indios Chinatos, gente mui belicosa y guerrera y mui dilatada nación que por ser muchos acuden a ynfectar a los yndios de los dichos dos pueblos y han muerto españoles e yndios con flechas husando de una hierba tan venenosa, que herido un hombre con ella muere a las doce horas".
Las armas de los Chinatos consistían en los tradicionales arcos y flechas, y se distinguían entre éstas últimas como muy mortíferas. Dice un antiguo documento: "Las flechas que han usado dichos indios han sido untadas con yerba tan venenosa, que en llegando a hacer un rasguño con sangre, morían los heridos rabiando, sin que hubiera remedio, ni se hubiese hallado para la dicha yerba".
Apenas llegaron los españoles y quisieron explorar el territorio de los Chinatos se encontraron con los aguerridos Lobateras y tribus colindantes para entorpecer la navegación por el río Zulia y por los caminos que habían abierto hacia las plantaciones de cacao que los vecinos de La Grita y San Cristóbal habían sembrado".
Se habla de la vida desenfrenada de los Chinatos tanto en sus costumbres como en la parte religiosa. Sobre todo resalta en ellos la indomable actitud de someterse al conquistador. Los hábitos guerreros indican que deben ser considerados de filiación motilón.
Esta clasificación la hace don Luis Eduardo Pacheco al considerar a los Chinatos como parcialidad descendiente de la gran nación motilona que ocupaba las márgenes del río Táchira y se extendía por el Zulia hasta el Lago de Maracaibo. Dice el mismo Pacheco que "debido a sus frecuentes incursiones y correrías interrumpían el tráfico y el comercio entre Mérida y Pamplona, lo que motivó la fundación de la ciudad de San Faustino en 1662 por el capitán Antonio Jimeno de los Ríos, para que sirviese de punto de avanzada contra los asaltos de la belicosa tribu".
Los Chinatos llegaban hasta las caídas de la Serranía hacia los llanos por las márgenes del Torbes y Uribante, durante los primeros tiempos de la colonia atacaron a los españoles que habían fundado las villas de San Cristóbal y Táriba de tal manera que la advocación de San Sebastián, imploraba la protección del santo contra las flechas de los indios.
Hay una referencia del capitán Francisco Alberto Negrón, Alférez Mayor de San Faustino, quien acusa a los motilones de "matar y saltear a la gente y estancias de San Mateo y Umuquena y pide muy encarecidamente que se enseñe a la gente de La Grita, para que vean como son los motilones y no los chinatos los que han salido a hacer daño a las estancias de San Mateo".
Otra relación contra los indios Chinatos que asaltan y roban en las estancias del valle de Omuquena la da el Gobernador de los Ríos, quien los defiende y dice que son los Motilones y los Aruacos, los que atacan esos lugares.
Se habla de una comisión que salió en busca de los atacantes habiéndose internado por las montañas llegó a un río que llaman Carira y habiendo andado río arriba más de legua y media halló en una playa rastros de cabalgaduras y estiércol viejo. Caminando encontraron una trocha a modo de camino que atravesaba el valle de Omuquena y como a las dos de la tarde llegó al río Umuquena. Mandó disparar las armas de fuego y vinieron los hombres que estaban en la estancia de Joseph de Librillos y los llevaron a su casa donde durmieron. La acusación más grave contra los motilones se presenta cuando ellos dejan las manos pintadas de bija en los árboles de cacao, señal inequívoca de que merodeaban por las estancias de Guerrero de Librillos. Así lo pudieron constatar los comisionados de La Grita y el propio gobernador Antonio Jimeno de los Ríos.
El capitán don Pedro de Varela, vecino de la ciudad de Pamplona dirige una petición a la Cancillería Real del Nuevo Reino de Granada para que se le devuelvan las tierras que les dieron a los indios Chinatos cuando fueron sacados de la vecindad de los Motilones.
Parte de las ocho leguas de la hacienda del capitán Varela sirvieron a los Chinatos para preparar asaltos a poblados vecinos, "habiendo quemado las casas y con el perjuicio de perder los árboles de cacao que con grandísimos costos he conseguido tener, agregándose a esto el haberse destruido por su causa la ciudad de San Faustino y no menos la paz pública".
"Entre dos ríos caudalosos que lo son el de San Faustino y la quebrada don Pedro", estaba la posesión que alude don Pedro Varela. Es más, pide "que a los indios se les da una legua en contorno y que vivan a son de campana, agregados a la población y se les amoneste a la paz y que no les contenga con guerra, en esa atención se ha de servir Vuestra Alteza y yo suplico de mandar que dichos indios tengan su población apartados de la ciudad, de calidad que tengan la legua en contorno y le quede a la ciudad, su ejido y de esa me dejen a mi en cierta posesión que no puedan en ella perjudicarme".
La respuesta que dio el Fiscal de su Majestad con respecto a los indios Chinatos fue de "hacer especial reflexión de que en el buen tratamiento consiste su perpetuidad y que no se restituyan lastimosamente a su antigua gentilidad y más cuando el Fiscal ha visto su población que estaba en el puerto de San Faustino a las orillas del río, en tierras ásperas y montañosas, de manera que no perjudican al Capitán Varela hay terreno útil y fructuoso en que se ampare y mantenga a estos naturales para que gustosamente puedan vivir y hacer sus labranzas sin perjuicio del dicho Varela".
Especial mención hace el Fiscal para que "estos indios no sean molestados" ya que se "precisa la utilidad de ellos sin el perjuicio del vecino". Ruega y encarga el Fiscal "que el Reverendo Padre Superior del Cura", encargado de la doctrina "proceda conforme a derecho moderándole los excesos personales en que hubiere incurrido". Este auto, está fecha en Santafé de Bogotá en septiembre veinte y uno de mil setecientos diez y siete años".
El Presidente y Oidores de la Audiencia piden que "se ampare a los indios Chinatos en las tierras que le están señaladas para sus resguardos y juntamente se ampare a Pedro Varela Fernández en todas las tierras que le pertenecen según sus títulos".
Hasta las justicias de la villa de San Cristóbal fueron requeridas para que sin dilación alguna amparéis a los indios de la nación Chinatos en las tierras que les están señaladas para sus resguardados y juntamente amparéis al dicho Capitán Varela en todas las tierras que le pertenecen" y "no consintáis  sean desposeídos de ellas sin que primero sean oídos y vencidos conforme a derecho y así lo cumplid sin hacer cosa en contrario, so pena de doscientos pesos de buen oro para mi Cámara y Fisco. Dada en la ciudad de Santafé a treinta días del mes de septiembre de mil setecientos diez y siete años.
Así termina la odisea de los indios Chinatos reubicados en territorio colombiano en donde se volvieron conquistadores de la montaña hasta su completa extinción.
Igual sucedió con los Oropes, aguerridos y valientes los cuales fueron encomendados a don Pedro de Cuéllar según documento del 31 de julio de 1657 y agregados a los Chanácotas (Colombia).
Hay quienes señalan la existencia de arenas auríferas en el río Carira. Es así, como los naturales levantaron su barrera de flechas y macanas para impedir el paso del conquistador por esas tierras doradas del sol, donde los espejismos de la leyenda se perpetúan como el nombre de la raza autóctona.

LOS CAPACHOS O CAPUCHOS
Bajo el nombre de Capucho o Capacho vivió una población caracterizada por una sencilla agricultura, el cultivo del algodón que alcanzó a ser una industria activa, pues las telas tejidas trenzadas dieron motivo al intercambio con los pueblos vecinos. También pocos utensilios de piedra y el empleo de una cerámica diversa.
La tribu de los Capachos se considera emparentada con la de los Betoy-Jirajara, de origen Chibcha, que al descender de los Andes colombianos y bajar a los valles de Cúcuta, buscase, después de salvar el río Táchira, las alturas de Capacho, dejando los valles cálidos del norte a los Caribes invasores del Lago de Maracaibo y los del Sur a los antiguos Aruacos, venidos de las llanuras del Apure.
¿Quienes eran los Jirajaras o xidejara?
Las primeras noticias que tenemos de esta tribu se le deben a Nicolás Federman, quien salió el 12 de septiembre de 1530 de Coro, hacia el sur y penetró en el dominio de estos indios, muy numerosos, por cierto, de costumbres bárbaras y salvajes.
Ambrosio Alfinger en su expedición señala la nación Jirajara, vecinos de los Caquetíos, situados en una "serranía áspera y elevada, de treinta leguas de extensión, en la que casi no podía continuar montados los jinetes".
Don Tulio Febres Cordero dice que "los Caquetíos y Jirajaras suben por el flanco meridional de la cordillera venezolana hasta las más altas cumbres, entrando por los valles de sus principales ríos a Trujillo, Mérida y Táchira. Y aún en los mismos días de la conquista, los belicosos jirajaras, dominadores de Capacho, repelen en una batalla a los Quiriquires, procedentes de la laguna de Maracaibo, según la tradición recogida por don Manuel M. Villet".
Observaciones hechas a la cerámica de los Capachos nos permite señalarla como una avanzada cultural importante y llena de la más pericia profesional.
El nivel de desarrollo que alcanzó la tribu de los Capachos lo podemos resumir en los siguientes puntos:
La alfarería. Presentaron una diversidad de vasijas destinadas al uso domestico.
2° La decoración de tales artefactos era muy simple, recubiertos de puntos oscuros.
3° Los tiestos eran duros y compactos. Se cree que la consistencia de tales artefactos se debió a la cocción mediante el fuego o el sol.
4° Las vasijas de cuello alto decoradas con rayas negras. El conjunto es muy rudimentario no abarca el estilo clásico, siendo ejecutado rústicamente.
5° La cestería es una copia de las tribus que vivían en las orillas de los ríos.
Artefactos líticos: Las piedras halladas en Capacho previamente desbastadas y luego pulidas, nos dan una idea de cierta actividad doméstica, elaborada con gusto de buenos artistas. Hachas, manos de piedra, raspadores, platos en forma ovalados con superficie pulida son entre otros, el material que nos ofrece esta cultura. Lamentablemente no se recolectó a su debido tiempo cuando se construía el Colegio de Las Marianitas. El recuerdo de tales artefactos es un marco de referencia para que las generaciones recuperen su antigua cultura y en un Museo muestren orgullosos el pasado del grupo aborigen honesto, trabajador y agricultor.
Lengua. Cestmir Lukotka ubica las lenguas de los Caricuenas, Capachos y Chinatos dentro del grupo lingüístico Opón, los cuales aparecen dentro de la "stock Karaib".



El tejido del algodón. Hay una leyenda relacionada con las necesidades de la tribu. En épocas muy lejanas, pasó un Profeta y les enseñó a tejer el algodón. Desde entonces cubrían sus cuerpos con mantas cortas para los hombres y las "salamayetas", les cubría casi todo el cuerpo alas mujeres. Cualquier intento de descubrir las técnicas del hilado se basa en hipótesis o en la manipulación de elementos para seguir de cerca el origen misterioso de la leyenda y de la industria algodonera que durante muchos años sirvió a los indios para fabricar sus capuchas, con las que se cubrían la cabeza y generaron el nombre de Capacho.
Merece especial mención los Resguardos de Capacho, donde se agruparon los indios que en 1627 quedaron comprendidos dentro de los siguientes Límites:
"El Visitador Licenciado Fernando Saavedra fijaba luego las tierras y Resguardos de la población de Capacho, tanto para los indios de ese pueblo como para los demás que se habían de agregar. A tal efecto les daba y señalaba por tierras y resguardos para sus labores, crianza de sus ganados todas las tierras que hay desde la dicha población a dar a una laguna de agua que está yendo a Tirio, que esta ha de ser una de las deresceras que ha de tener por la dicha parte; y la otra desde la dicha población a dar a una quebrada seca que está al pie de la Cuesta de la Calera, camino real que va desde la Villa a Pamplona, y por ella abajo a los Altos de el potrero que llaman de Cárdenas, linde con el de Alonso de Parada, y de la quebrada arriba hasta los Altos de Mocoipó; y de la población hasta lindar con estancia de Miguel Suárez, cortando quebrada arriba y quebrada abajo, hasta hacer cuadro con el derecho de la laguna y potrero referido; y así mismo, desde la dicha laguna hasta hacer cuadro con los Altos de Mocoipó".

LOS CORCAS O ZORCAS.
En el camino que llega al Valle de Santiago, el explorador, primero, y luego el conquistador encontraron numerosas parcialidades indígenas sumidas en la más profunda barbarie de una parte, modales y costumbres suaves, gente dócil y poco guerrera como los Corca o Zorca que habitaban en el sitio que hoy ocupa la ciudad de San Cristóbal, según Fray Pedro de Aguado autor de la historia escrita por el año 1581 y "considerado desde el punto de vista cronológico el primer historiador de Venezuela".
La palabra Zorca, creemos sea continuidad histórica de ese grupo humano que prevaleció al eclipse del nombre tradicional. Se mantiene en los procesos de la crítica e interpretación.
Removemos del tiempo su pátina emocional para presentar en su descarnado realismo el nivel de vida de una comunidad que vivió en su "vieja vegetación moral".
¿Dónde vivían?
En el Valle de Santiago.
¿Cuales fueron los principales razones que impulsaron a los españoles a ocupar el Valle de Santiago?
El descubrimiento de tierras laborables ideales para la agricultura y la cría y el deseo de fundar una villeta que sirviera de posada a los viajeros que se desplazaban entre Mérida y Pamplona.
"En una sesión del Cabildo de Pamplona el día 2 de enero de 1560 se escuchó la voz de uno de sus personajes olvidados de la historia, se escuchó la petición razonada del Procurador Francisco Sánchez que solicitaba de sus compañeros del Ayuntamiento "nombrasen una persona para que vaya en el Valle de Santiago a poblar la dicha villeta". "Un año antes de la fundación, la idea de establecer una villa en el Valle de Santiago por razones de acrecentar las encomiendas entre los moradores de Pamplona y como sitio de avanzada y refugio en la ruta a Mérida fue seguramente propuesta por primera vez en el Cabildo por Francisco Sánchez".
El padre fray Pedro de Aguado al referirse a don Juan Maldonado, fundador de San Cristóbal, lo hace en los siguientes términos: "Entró por el Valle de Santiago y sus poblaciones, que como he dicho, de sus propios naturales es llamado Corca".
Los Corcas como sus vecinos los Capachos o Capuchos pudieran proceder de los Muiscas. Estos lo puede demostrar el estudio de la cerámica encontrada en recientes excavaciones. Corresponde a los eruditos determinar su origen, que por cierto, puede ser discutible en su aculturación y en los vestigios del autoctonismo.
Todavía existe una región con el nombre de Zorca que hoy se conoce con los siguientes nombres: Zorca, San Joaquín; Zorca, Providencia; Zorca, San Isidro; Zorca, Lagunillas.
La atmósfera de estas comunidades contrasta con los verdes sembrados, salpicado de peñas y de rumores con la quebrada La Zorquera que desemboca en el río Torbes.
No se puede hablar de la supervivencia de ciertos rasgos humanos y otros, característicos de la cultura autóctona ya extinguida.
Tampoco se advierte en las costumbres actuales ningún rasgo relacionado con la vida indígena.
En esos tiempos la tradicional hospitalidad de San Cristóbal no funcionaba, pues los indios del valle donde se asentó nuestra Villa, salieron según muchos testigos, "armados de guerra con muchos paveses y muy buenos arcos y flechas de dardos, y ollas en las manos, diciendo en aquellas les habían de cocer o comer".
Se dice que los indios del Valle de Santiago flechaban a los españoles, una actitud que le valió la defensa de la villeta que acababan de fundar y buscar como patrono al mártir romano que murió flechado.
De los indios Corcas no quedaron referencias de ser belicosos. Aceptaron pronto la evangelización y sumisos  se sometieron a la encomienda del amo. Los Corcas se fueron con el olvido o se ubicaron por otros rumbos con el recuerdo heroico de su rebeldía perenne.
En la Cordillera de Mérida existía una economía muy compleja y el sedentarismo era absoluto. Los profundos surcos intercordilleranos que caracterizan esta formación orográfica han encauzado en toda época las relaciones y actividades humanas.
Las terrazas fluviales que se yerguen muy por encima de los cauces fluviales, han permitido las actividades agrícolas intensivas en las cuales los indígenas utilizaban técnica de cierto avance. Conocían también la domesticación de animales, así como diversas actividades artesanales y practicaban el comercio.
Refiriéndose el padre fray Pedro de Aguado al relieve de la tierra de los Corcas dice: "No es todo tierra rasa ni el arcabuco o montaña que en él hay es todo crecido, sino partes de montañas y partes chaparrales y otros pequeños y bajos montes que con facilidad lo rozan los indios cada vez que quieren o tienen necesidad, para hacer en él sus rozas y sementeras".
"Es tierra muy fértil y acomodada a darse en ella todo género de frutas, así naturales como extranjeras; pero de las necesarias que son del principal sustento de los indios como son maíz, yuca, batata, auyama, pescados y otros muchos géneros de comidas y legumbres. Excede y sobrepuja en esto a todo la más de la tierra de Pamplona, y en los algodonales, que los hay muchos y muy fructíferos y de muy buen algodón de que se hacen mantas y otros géneros de lino, aunque no de la naturaleza de los de España, pero después de puestos tienen gran similitud con él, de que se hace muy buen hilo delgado. De todas las cuales cosas se aprovechan muy bien los vecinos de aquel pueblo, pero con todo y la diligencia que se pone en granjear, a más los he visto medrar, sino cada día venir menos por defecto de no tener minas de oro ni plata, que son las que suelen dar lustre a los pueblos y poner ánimo a los hombres".
En las faldas y colinas siembran la papa.
La pesca en los ríos y quebradas era abundante. Constituía con la caza y recolección su principal fuente de alimentación.
Las especies más comunes son: Coporo, liza, volador, chupapiedras, lauchas, entre otras.Es posible que utilizaran la atarraya hecha con hilos de algodón, así como trampas llamadas "Sicuelas".
Con el barbasco de mata preparaban las hojas machacadas y las tiraban al agua, el pescado borracho por esta planta es fácil cogerlos con las manos.
Los ríos y quebradas de los Corcas fueron: El Torbes, Quinimarí, Uribante, Río Frío y la quebrada La Zorquera.
La caza era una actividad que equilibraba la alimentación indígena. La  caza más frecuente se realizaba en las montañas que se llaman La loma de Pío, próximas al valle de Santiago y comprendía las siguientes especies: Lapas, cachicamos, puercoespín, venados, acure (picure), báquiros, dantas y aves.
El cultivo y el hilado del algodón eran practicados por los indios Corca.No hay referencia de los telares, ni la técnica utilizada. Nos limitamos a señalar esta industria que define la originalidad de su liberación económica, con miras a cimentar su cultura sobre bases sólidas y permanentes. El vestido sólo lo usaban las mujeres, los hombres iban desnudos.
En cuanto a la producción básicamente de la agricultura creemos que no impedía el desarrollo del intercambio comercial con otras comunidades.
El historiador Pedro de Aguado hizo referencia a la caza y la pesca y la recolección de algunos productos de consumo y de uso diario. Es posible que los Corcas hayan desarrollado grandes cultivos, pues en todas las áreas de producción se menciona la agricultura. Al mismo tiempo se aprecia una relación entre estas actividades y las de carácter socio-económico como el caso de la recolección de la cosecha, los preparativos para el matrimonio, de los futuros esposos, en la cual se observa la importancia que le daba la tribu a la vida individual y comunitaria.

LOS OMUQUENAS / UMUQUENAS / URUKENAS 
Moquenas, muquena, umoquena, son nombres que registran los antiguos documentos que hablan de esta parcialidad ubicada al norte del estado Táchira.
Una visión de la cultura de estos indios nos permite ubicarlos dentro de la disciplina pétrea, pues sus trabajos dejados en este material y demás instrumentos de aplicaciones distintas, cuya reconstrucción geohistórica matizan los diferentes grados culturales que alcanzaron durante ese proceso en el cual configuró su fisonomía peculiar.
Más que restos arqueológicos son objetos reveladores de singulares hipótesis, que han creado leyendas para llegar por sí solas a las cumbres imaginativas o al criterio cimentado del análisis.
La cultura de los indios Omuquena no se ha estudiado en forma completa. Hay interrogaciones que marcan límites. Unas se escapan por su amplitud. Otras se refutan por carecer de los medios en relación con el fin. Entonces, la identificación de una figurina o pedazo de cerámica, continúa sumida en la penumbra de los tiempos, sin que hasta ahora se haya logrado penetrar en la coexistencia de su enigmático mundo.
En la zona cálida del norte del estado Táchira se han hallado muestras de arte indígena que nos permite remontarnos a un período posterior, cuando esas tribus habían alcanzado el apogeo de su grandeza.
Ninguno de esos recuerdos históricos niega el grado de civilización que tenían los indios Umuquena. Y al señalarlos como autóctonos de las tierras llanas y fértiles estamos tratando de investigar útiles creados, a la vez que "ignoramos cuál otro pueblo ha precedido al autóctono".
Los enigmáticos restos se han encontrado en zonas adyacentes al río Omuquena, donde se dice que están las ruinas del antiguo pueblo, protegidas por una densa vegetación y rodeadas del hechizo misterioso de la leyenda.
El análisis de tales objetos daría oportunidad de conocer todo ese complejo mundo, donde se desarrolló una gran actividad que le dio sus propios medios de vida y los elementos de su creación cultural.
Esos restos con caracteres amazónicos y decoración ungular permiten ubicarlos dentro de una estructura social avanzada.
De esa antigua civilización han quedado diversas piedras talladas, una para moler maíz; otras, en forma de hacha; una más, algún signo cabalístico, una cara, acaso un ídolo con rasgos estilizados con cierto parecido a la orfebrería chibcha, algunos objetos de cerámica como testimonio de su avanzado estado cultural. Ciertos cronistas señalan que las tribus de las altas montañas tuvieron su contactos con los habitantes del pie de monte andino y demás tribus que habitaban en las orillas de los ríos. Es más, el etnólogo alemán Krickeberg habla de colonias indígenas que se dedicaron al intercambio comercial, como el que mantuvieron los pueblos de los Andes con los del Sur del Lago de Maracaibo.

Walter Krickeberg.-

Otros hallazgos de interés hallados fuera de los recintos de siembra y sitios apartados de los mismos, en verdaderos "paraderos", lo constituyen restos líticos formados por cuchillos raspadores y puntas que con toda probabilidad deben referirse a las culturas de cazadores precerámicos, que precedieron en el tiempo a las culturas anteriores.
Se dice que todo artefacto encontrado en nuestra época, es la estructura de un pasado que supo honrar en su agonía la memoria de su tradición y de su grandeza.
Cada instrumento de que se servían para hacer sus trabajos eran de piedra y los mazos de madera templados al fuego.
Los restos de cerámica revelan el grado de adelanto que habían alcanzado los Umuquenas.
Desde el punto de vista material los escultores, decoradores y probablemente también, otros oficios, substancian la opinión en las innovaciones tecnológicas llevadas a cabo durante las especializaciones locales.
La piedra y la cerámica enlazan dos épocas perfectamente definidas e identificadas entre sí. La primera encierra un sentido muy primitivo y con la forma redonda de los recipientes de barro empezaron a modelar las expresiones de su cultura con esfuerzos prodigiosos de paciencia y habilidad. Es una escasa inventiva, acaso copiada de otros pueblos industriosos o de quienes reemplazaron su anterior modo de vivir.
Sus armas primitivas fueron el hacha y la lanza, hechas de piedras talladas. Las flechas sin veneno era una característica especial del pueblo caribe asentado al Sur del Lago de Maracaibo, dice Alfredo Jahn en su obra Los aborígenes del Occidente de Venezuela.
Umuquena es una zona arqueológica donde se fundieron varias formas culturales. La superposición de culturas, motivada a las oleadas sucesivas, de pueblos dieron una unidad física, política y económica a ese conglomerado.
Paralelo a las creaciones de cerámica estaba el comercio con los productos de la agricultura, que indica cierto nivel de especialización local y artesanal de las manufacturas.
Al considerar el problema del comercio no hay que olvidar los diversos ambientes, ni tampoco, la notable proximidad de zonas geográficas pobladas con tipos de cultura diferente. Nos referimos a las tribus del Sur del Lago de Maracaibo y a la enigmática familia Mucu de Mérida.
El comercio jugaba un papel muy importante como factor de desarrollo. Así encontramos la inmensa red de caminos o trochas hacia las tribus vecinas, abiertas por entre las vírgenes montañas y también por los ríos que cruzan la llanura inmensa.
Al estudiar algunas parcialidades indígenas de los actuales estados Mérida, Táchira y Trujillo encontramos afinidades con pueblos de la América Central en lo referente a trabajos de cerámica y lengua.

Tipo de poblamiento. Desde todo punto de vista, el caserío fue el primer tipo de poblamiento indígena. Se carecían de construcciones cívico-religiosos y de planificación. Ambos rasgos son estudiados, inclinándonos a la concentración humana, por cierto muy limitada y no a la dispersión.
Consideramos qu
e este pueblo sedentario aunque ausente de estilos conservó patrones y fundamentos que hicieron posible la existencia misma de la tribu.
Organización Socio-Política. La organización política no parece haber excedido de la comunidad local. No se puede hablar de castas o clases. Sin embargo, los centros poblados tienen ciertas casas representativas con recursos y el jefe familiar como la persona capaz de aconsejar en épocas de peligro, entre otras. A la orilla del río Omuquena fabricaron sus chozas techadas con hojas de palma o plátano, cercanas a sus conucos. También sus canoas o balsas para las actividades comerciales, intercambio de productos o el asalto a los pueblos españoles.

Economía. En cuanto a la economía, creemos que la labor agrícola fue el medio fundamental de vida de esta comunidad. También hay que pensar en la caza, pesca y recolección. Se sabe por fuentes históricas que estas ocupaciones constituyeron un medio importante de subsistencia, aún en época de la Conquista.
Cultivos. De su incipiente agricultura utilizaron el banano, yuca, frijoles silvestres, cocos, para su alimentación. Con las hojas de palma tejieron sus guayucos.
Otro cultivo importante fue el maíz y el árbol del pan o "pan de año". Este árbol tiene ramas extendidas. Sus hojas son de un verde oscuro, de forma oblonga, de unos 30 a 45 centímetros de largo y profundamente nervadas, como las de la higuera. El fruto se encuentra en todas las ramas, tiene una concha muy fina y, en el centro, una semilla no mayor que el mango de un cuchillo pequeño, entre la concha y la semilla se encuentra la masa que, asada es comestible.

El fruto del pan no parece sabroso a quienes no están acostumbrados a comerlo, porque lo hallan insípido. No obstante, durante la mayor parte del año constituía el alimento de la tribu.

El fruto tiene algunos méritos, entre ellos; su largo período de producción que proveía de alimento durante ocho meses sin requerir de cultivo alguno. Preparar con sus frutos la comida era de lo más fácil, pues no había más que subir el árbol, cortarlo y asarlo. Se decía también que un sólo indio podía plantar diez arboles de pan en una hora y sin más esfuerzo, asegurarse un generoso abastecimiento para la comunidad.
El maíz por su adaptación al medio constituyó un renglón alimenticio en su eje económico. Hay que pensar que la dieta pudo ser completada con la caza, entre otros.
Tecnología. La tecnología básica de esta comunidad tenía que hacer progresos considerables. Esto se deduce de la variedad de artefactos y de sus técnicas de elaboración.
Religión. Bajo el cielo tórrido de la llanura norteña, alumbrada en las noches por el relámpago del Catatumbo, la tribu de los Omuquenas en sus ritos y creencias elevaban la mirada hasta el dios suspendido en el espacio y en su perezosa actitud pudieron crear su leyenda reforzada por la presencia del fenómeno.

Al sol, en las tardes caniculares elevaban sus algarabías como un acto de adoración.

Se cree que los Omuquenas cuidaban de sus dioses como de sus tierras. Las ofrendas dedicadas al Morro Negro así lo demuestran, cuando al sacrificar una de sus doncellas, la dejaban perdida entre el verde lujurioso de la montaña.
Característica especial de los indios era permanecer alejados, en el silencio de los bosques, en muda contemplación de los árboles, sobre todo, aquellos que sobresalían en belleza o aportaban algún beneficio.

Lengua. Don Tulio Febres Cordero al referirse a este aspecto dice: "No hablaban el mismo dialecto todos los indios de los Andes; puede decirse que cada pueblo o agrupación tenía uno que le era peculiar, aunque todos notablemente semejantes entre sí por ser formados dentro de una sola lengua". Es posible que la lengua de los Umuquenas tuviera una influencia "motilón" dada su cercanía con esa tribu.

La influencia chibcha, según otros autores, es el resultado de las corrientes migratorias que seguramente provenían de la actual Colombia. Al respecto, Salazar Quijada en su libro Toponimia venezolana anota que "la tercera capa de poblamiento corresponde a los grupos chibchas que penetraron por la región andina y ocuparon parte de la región de los estados Táchira, Mérida y Trujillo, cuyos representantes antiguos fueron los Timoto - Cuicas, quienes nos legaron toponímicos en toda esa región".
Origen. Las tribus venegaráes, Seborucos, Umuquenas, Caquetriras, Yegüines y otras menos importantes de la zona norte del estado Táchira, por "tener sus territorios en las faldas de la Cordillera, que vierten sus aguas en los ríos Zulia y Catatumbo, se deben considerar como indígenas de estirpe motilón".
Poblados indígenas. Los colonizadores españoles, al agrupar a los aborígenes para formar "con ellos pueblos, realizaban simplemente las bases físicas para formar la sociedad política hispano-indígena". Los agregados indígenas, bien estuvieron constituidos por miembros de una misma tribu, bien por la reunión de tribus provenientes de una misma nación, o estuvieran formados por individualidades sacadas de tribus diferentes, "continuaban espiritualmente, en el mismo estado social que tenían antes de ser agrupados, aun cuando, por la fuerza, se les hubiera impuesto una organización social y política diferente a la que correspondía al grado de cultura en que estaban".

Los conquistadores estudiaron proyectos para unificar a las diferentes parcialidades indígenas, en sitios demarcados y fértiles, donde las casas, las calles, la iglesia, el cementerio, entre otros, formaban una unidad funcional.

Tales proyectos tuvieron sus ejecutores que fueron los Encomenderos a quienes se les convocó para el 31 de julio de 1601, por Pedro de Sandes, Juez Visitador de La Grita, nombrado por la Real Audiencia.
Después de analizar las diferencias que existían entre las parcialidades indígenas acordaron fijar las contribuciones para la construcción de los templos en esos pueblos.
A los indios Bailadores y Yegüines se les fijó 40 pesos; a los de Omuquena 25 pesos. Estos últimos pertenecían a la encomienda del capitán Alexander de Castilla y fueron destinados para el Valle de Alarde, donde también debían acudir los indios vacos del Rey; es decir; aquellos que por muerte del encomendero estaban solos.
Creemos que el Valle del Alarde estaba situado cerca de los Benegaras pues la expedición del capitán Juan Rodríguez Suárez, este sostuvo un encuentro con los naturales en el dicho valle y fue a alojarse en "el pueblo ondo".
En el año 1657 llegó el Oidor don Diego de Baños y Sotomayor a La Grita. Su misión principal consistía en escuchar las quejas sobre maltratos y abusos que los encomenderos infligían a los indios.
Amplias acusaciones recoge el Oidor de la Real Audiencia en cada parcialidad indígena que visitaba.

Para esta época los indios Omuquenas pertenecían a la Encomienda de doña Teresa de Castilla, hija del capitán Alexander de Castilla "de los fundadores y conquistadores de La Grita", muerto este en el año 1614. Por sus servicios y méritos había recibido del capitán Francisco de Cáceres diversas encomiendas.
Plantaciones de cacao. El cultivo más importante de esta zona durante la época colonial fue el cacao.
Favorecía esta producció
n las tierras calientes y húmedas llenas de selva. En las zonas adyacentes al Lago de Maracaibo se nombran algunos "cacaotales" o haciendas de cacao.

Entre los años 1630 y 1736, el Mariscal de Campo Alvino de Pineda, habitante de la ciudad de La Grita, tenía en Omuquena 20.000 arboles de cacao, cifra respetable por cuanto implicaba una intensa labor que estaba a cargo de los indios. Se le acusa de ser drástico con ellos a vivir en continúo pleito.

La estancia del Mariscal de Campo Alvino de Pineda se llamaba "Nuestra Señora de la Chiquinquira de Omuquena".
Los guerreros Omuquenas. Entre los años 1634 y 1636 se desarrollaron incursiones indígenas a los pueblos de San Bartolomé del Cobre y Seboruco, los cuales quedaron asolados por los violentos ataques de los indios Omuquenas y Oropes. La alianza de estas dos tribus hizo que el Gobierno de la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, reforzara militarmente los pueblos expuestos a los ataques de los indios.
En el asalto perpetrado por los Omuquenas matan a Diego de
Betancourt en la ciudad de La Grita. Para castigarlos fue enviado el capitán Gonzalo Mexía, quien hizo un escarmiento entre la población indígena. Estos sucesos ocurrieron en 1636.

Una de las medidas inmediatas que provocó el debilitamiento del poderío indígena fue la reubicación de éstos en otras comunidades lejanas.Así por ejemplo, muchas familias de los Oropes fueron trasladadas a Chinácota (Colombia) tras una cruenta persecución. Los indios que quedaron fueron encomendados a don Pedro Rangel de Cuéllar.

De esta manera se evitaba el saqueo y destrucción de los pueblos que vivían constantemente bajo la amenaza de los indios.

APOCALYPTO de Mel Gibson.- Filme que relata el final de la era aborigen en América.

Extinción de los Omuquenas. En el año 1657 los indios que aún quedaban en la tribu de los Umuquenas fueron agregados a la Encomienda de los Venegaras. Son muy pocos los que sobrevivieron a las persecuciones emprendidas por los españoles.
Ejemplo de heroísmo y rebeldía se suceden entre el habitante autóctono y el atrevido explorador. Muchos holocaustos encontramos en algunas tribus que prefirieron enterrarse vivas o rodar por los precipicios para encontrar la muerte, antes de caer en manos del español. Así fueron desapareciendo la mayoría de esas comunidades indígenas.
Partidas de soldados de la estancia del Mariscal de Campo Alvino de Pineda cazaban los indios que se ocupaban de chupar las bayas de cacao.
Sobre el campo desolado, los naturales sobrevivientes huyeron hacia el lugar de el Morro Negro, donde "no habían las rudas miradas ni el látigo" sobre la espalda del indio.
Veamos lo que dice el doctor Julio Cesar Salas: "Aún se encuentran en las regiones que bañan los ríos Chama, Escalante y Zulia en Umuquena y márgenes del Lago de Maracaibo, los vestigios de algunos de esos pueblezuelos desaparecidos y haciendas invadidas por la lujuriosa vegetación tropical; arboles y animales salvajes han reemplazado la deficiente y pobre acción de gentes que fueron antes como lo son hoy incapaces de apropiar y civilizar las comarcas más ricas del globo, donde los blancos no fueron capaces de poblar pero si de destruir una población de más de cien mil habitantes".
Los trabajos para establecer una fundación son inenarrables. Muchas estancias quedaron abandonadas por diferentes motivos; ya el asalto violento de otras tribus, las enfermedades o la caza del indio para trabajar en otras tierras. Unas y otras causas contribuían al despoblamiento de esos lugares donde más o menos se encontraban cierta cantidad de indios dedicados a las faenas del campo o simplemente tribus que vivían del pillaje o guerreando contra los pueblos vecinos.
Don Tulio Febres Cordero dice lo siguiente: "Los pueblos de Venegara, Pueblo Hondo, Umuquena, Seboruco y otras muchas poblaciones indígenas desaparecieron, unas por la disminución de los naturales y otras por las invasiones de los bravos motilones".

Hay razones para creer que los Umuquenas fueron desapareciendo por algunas de las causas anteriores, según se desprende de la siguiente comunicación que dice "que estos indios todos se han consumido".
"14 de mayo de 1657. El maestro Juan Dionicio Navarro beneficiado Cura y Juez eclesiástico y Comisario del Santo Oficio en esta ciudad de La Grita digo que yo tengo necesidad de un pedazo de tierra para poblar un hato de ganado vacuno para mi sustento por ser la cortedad de mi beneficio tal como es notorio y en los resguardos antiguos de la población de Venegara hay un pedazo de tierra como dos estancias de pan como más o menos desde la quebrada que llaman del Cacique corriendo los resguardos de los indios Omuquenas señalados por el señor don Fernando de Saavedra Valdes y sin provecho porque dicho señor Oidor los señaló por resguardos a los dichos indios, ellos por no serle de provecho lo dejaron, demás que estos indios todos se han consumido y el señor doctor don Diego Carrasquilla señaló después por resguardo a los indios de apellido Pregonero dichas tierras que también por inútiles las desampararon y hoy de estos indios tampoco hay más que uno el cual ni otro ninguno tiene labores no otra cosa en dichas tierras porque el número de indios que hay en dicha población como a vuestra merced le consta es corto y las demás tierras que tienen de resguardos muchas y a propósito que siendo vuestra merced servido pues no es de perjuicios a dichos indios ni necesitan de dichas tierras para su resguardo de hacerme merced de ellas me compondré con su majestad en conformidad de la cédula por vuestra merced manda a pregonar sirviéndose de atender en dicha composición al poco valor y útil de las dichas tierras pues los indios naturales de ellas no las quieren ocupar siendo las que me han de hacer merced desde la quebrada que llaman del Cacique corriendo a los dichos resguardos con todas sus entradas y salidas, llanos y vertientes hasta la quebrada que llaman de Guayoca. A vuestra merced pido y suplico de hacerme dicha merced estoy presto a componer dichas tierras en lo que a vuestra merced le pareciese conveniente atendiendo al poco y útil de ellas que en ello recibiré merced con justicia que pido en lo necesario, etc. Maestro Juan Dionicio Navarro. (Rúbrica).".-
El esfuerzo heroico de los Umuquena quedó vigente en el Morro Negro. El cerro sombrío se estremece en su vegetación oscura, envuelve toda una lección de sacrificio y entre la niebla su pasado impone el gesto de la raza rebelde.

Hay quienes escuchan en noches brumosas, el eco de un tambor. Parece como si una estrecha relación con el misterio, plantearan interrogantes de un mundo fantástico invadido de tristeza.

El paisaje nocturno es impresionante. La belleza vegetal salta nítida en su melancolía. El Morro Negro rememora la astucia indígena, al aceptar el holocausto de los valientes Omuquenas.
Fue un drama impuesto por las circunstancias, que invadió la agonía de la noche, mientras la luna bruñía con sus rayos la inmensidad sombría.
La tribu guardó complacida la riqueza acumulada en algún rincón del cerro, o en la cumbre oscurecida y con su carga emotiva se abrazó a su amor terrígeno y autóctono, bañando en los tórridos fulgores, su amanecer heroico.

LOS KINIMARIES



YEGÜINES Y BUROQUÍAS





LOS KENIKES Y LOS BABUKENAS

La tierra roja de los antiguos Kenikes está situada en las estribaciones meridionales de la Sierra de Callejón Colorado que la separa de El Cobre, a una altitud de 1597 metros y disfruta de una temperatura media de 18º.
Aún guarda su nombre indígena en una evocación de su pasado.
Cuando los descubridores y encomenderos llegaron a los dominios de los Kenikes se distrajeron en la contemplación de sus campos cultivados.
Casi siempre, oteando desde las alturas, un centinela kenike avisa a los demás miembros de la tribu, la aproximación de gentes extrañas o los mensajeros cargadores de sal.
Sobre la meseta recostada entre cerros altivos, se levanta la población de Queniquea.
Nubes y nieblas saludan sus actividades agrícolas y pecuarias.
Diríase que no se detienen sino que deleitan el paisaje azul y las umbrías boscosas intercaladas en la tierra roja.


CAPITULO V
MANIFESTACIONES CULTURALES
DE LOS ABORÍGENES TACHIRENSES

Contenido. La cerámica. La agricultura. Las mujeres en el trabajo. Religión. La habitación indígena. La música. Costumbres indígenas. Enterramientos. El brujo o mohán.



LA CERÁMICA

Se ha demostrado que la cultura hallada por los españoles pertenece a un ciclo étnico más antiguo que la aruaca, pero que recibió influencia de otras culturas entre los grupos tribales existentes. Es bien notorio la categoría de buenos y malos ceramistas en una misma cultura. Este razonamiento puede ser correcto desde nuestro punto de vista, pero no es aplicable a la civilización andina, donde el arte no era libre, sino dirigido y sujeto a normas hiératicas y rigurosas. 
La clasificación estatígrafica de los objetos hallados se interpreta entre una discontinuidad artística en las familias andinas, hay fases que corresponden a un período arcaico y otras a épocas clásicas.
En el Museo del Táchira se puede estudiar e interpretar los productos de la múltiple actividad indígena, así los que ilustran su historia biológica, como la de las artes, industrias, usos, costumbres y todos los testimonios históricos que permiten conocer la civilización indígena tachirense, indagar su origen y trazar su filiación étnica.

Muestra de cerámica de los aborígenes Corcas.
(Fuente: Museo del Táchira).-

Muestra de cerámica de los aborígenes Corca.
(Fuente: Museo del Táchira).-
  
No hay duda que los alfareros representaban lo que veían de modo que las figurillas son como retratos de la gente de la época.

Figurilla aborigen tachirense.-
(Fuente: Museo del Táchira).-

Figurilla aborigen de una etnia tachirense.-
(Fuente: Museo del Táchira).-

La cerámica es el mejor documento de que se dispone para hacer conjeturas sobre la vida cotidiana de aquellos tiempos.
También revelan mucho acerca de su técnica. Consideramos que los alfareros del preclásico estaban todavía muy lejos de alcanzar el refinamiento.

Muestra de cerámica tachirense aborigen.-
(Fuente: Museo del Táchira).

Muestra de cerámica aborigen tachirense.-
(Fuente: Museo del Táchira).-

El ceramista y el fabricante de utensilios era simultáneamente cazador, agricultor y pescador. Faltaba el artesano especializado, con tiempo suficiente para perfeccionarse en la ejecución de una labor determinada. Sin embargo eran capaces de fabricar piedras de moler, cuchillos y puntas de piedra (hachas líticas, redes, jaulas, entre otros).
El arqueólogo botánico doctor Lawrence Barfield refiriéndose a la capacidad intelectual del hombre antiguo dice: "Hoy pocos tenemos las habilidades que dominaba la mayoría de la gente del cuarto milenio (antes de nuestra era)". La dedicación y delicadeza de sus obras, el apasionado anhelo de remarcar los rasgos de sus creencias, se elevan con la tenacidad del sabio en persecución del ideal cuyos signos del destino alumbran su arcano mundo.

Muestra de cerámica aborigen tachirense.-
(Fuente: Museo del Táchira).-

Muestra de cerámica aborigen tachirense.-
(Fuente: Museo del Táchira).-

En el Génesis se dice: "...que en los albores de la historia del hombre, particularmente cuando la humanidad" se esparció sobre toda la superficie de La Tierra, surgieron civilizaciones complejas y plenamente desarrolladas, cuyos miembros tenían dotes intelectuales y espirituales.
Es más, con el realismo de mantener la insaciable información, La Biblia señala que el género humano tenía destrezas, técnicas y artísticas, como la forja de "toda clase de herramientas de cobre y de hierro".


Los utensilios de los indios eran las ollas, múcuras, chiriguas, chorotes, tiestos, entre otros.


LA AGRICULTURA
Los indios de la Cordillera tenían muy buenas sementeras. En las tierras calientes cultivaban el tabaco de cuya cocción formaban una pasta denominada "chimú" usada a manera de betel, ademas les servía el tabaco para sahumerios idolátricos y medicinas.
Los mojanes eran a la vez médicos y sacerdotes, predecían el porvenir y respondían diversas consultas meneando el informe idolillo de barro cocido, el cual construido con cierto arte, producía un débil sonido, suficiente para basar en él mentirosas predicciones.
Como médicos los mohanes eran charlatanes, aunque se hacían pagar caro sus bebedizos, confeccionados estos con diversas plantas como; la mucutena, cupis, tuatúa, orumaco, tallí, díctamo y otras.
Todas las tribus agricultoras al recoger la cosecha o depositar la simiente en tierra hacían demostraciones de júbilo, e impenetraban para el éxito de sus labores el auxilio de sus dioses.
La ceremonia del maíz era muy especial, pues danzaban cogidos de la mano hombres y mujeres al compás de una triste música, teniendo en medio los coros de los cantadores que ensalzaban las proezas de sus antepasados y las del Señor que costeaba la fiesta, la cual terminaba en una orgía general.
Las tribus de los Andes venezolanos no dejaban sin cultivo el más insignificante rincón de tierra; cultivadas las antiplanicies, no dudaban llevar sus labranzas a lomas y cerros abruptos.
Los instrumentos de labranza de los indígenas eran de madera; palas, puyones y machetones de macana, con los cuales rozaban el monte bajo, al que después de seco le prendían fuego, quedando la tierra limpia y en disposición de ser sembrada; preferían para hacer sementeras los lugares en que no era muy tupido ni alto el bosque, por la dificultad que tenían para derribar los árboles; labor que ejecutaban con sus hachas de silex y ayudados del fuego.
Con el maíz molido entre dos piedras, fabricaban arepas o sean tortas de maíz, que asaban en plantones de barro o bien con dicha harina hacían una polenta que condimentaban con ají y de uso general en América. La harina la sacaban del mapuey, ñames y yuca.
Los pobladores del Táchira prehispánico formaron una unidad tanto morfológica como cultural. Hay que admitir que su grado de cultura es bajo y sus métodos de trabajo rudimentario, pero que el conocimiento de su cultura y su adaptación al medio geográfico ayudó a resolver muchos problemas, sobre todo el de la alimentación.
El sistema trilineal de la sociedad efectuó o cambió de trabajo por el que los hombres se dedicaron a la agricultura.
Sin embargo, este cambio no afectó el carácter matrilocal y matrilineal de la sociedad, debido por lo menos, en parte a la técnica de preparar sus alimentos como el maíz con la laboriosa molienda encomendada a las mujeres que se realiza más eficazmente por grupos de trabajadoras. La cooperación de las mujeres de una familia bien puede haber sido fundamental en mantener la residencia matrilocal.

LAS MUJERES EN EL TRABAJO
La preparación del terreno era faena de los hombres y la siembra. Los demás cultivos de los conucos correspondía regularmente a las mujeres y muchachos, como aún se efectúa en muchas partes de la Cordillera, donde las indias, para cultivar y deshierbar son mejores que los hombres (indios), así lo pensaban y era general la creencia que las mujeres en su calidad de tales, tenían mejor mano para producir a las plantas buenas cosechas.

RELIGIÓN
El dios agrario, aparte del sol, la luna y las estrellas tuvo en las familias primitivas del Táchira su culto preferente.
En este conjunto de seres míticos se manifiesta toda clase de actos religiosos, sean éstos, ceremonias celebradas a raíz de nacimientos o pubertad, matrimonio, en actos mágicos, imploratorios de lluvia y en ceremonias fúnebres.
No existieron templos y los piaches parecen contentarse con la contemplación de la naturaleza.
La umbría y el silencio de los bosques excitaron sus sentimientos religiosos, llegando a sentir por los árboles una verdadera devoción, forma de un verdadero culto como lo atestiguan algunos autores y los monumentos antiguos.
En la religión, costumbres y lenguas de los indios de los Andes, se descubren vestigios manifiestos de un grado de civilización muy apreciable, que no es por cierto el que habían alcanzado los mismos indios para el tiempo de la conquista.
Se descubre algo como una herencia de pasadas generaciones más cultas e industriosas, herencia disminuida y promiscuada con prácticas e ideas de un estado más rudimentario que no puede calificarse tampoco de salvaje, porque en realidad no debe darse este calificativo a los indios de la Cordillera andina, los cuales vivían socialmente en poblaciones, entre otras.
Cuando los conquistadores conocieron que nuestra nación Corca o Zorca no tenían cacique se admiraron. También notaron la falta de ídolos en sus casas.
La nueva Enciclopedia Británica pondera el ambiente religioso que dominaba las comunidades indígenas así: "Si nos atenemos a los descubrimientos de los expertos, jamás ha habido un sólo pueblo, sin importar época ni lugar, que haya sido religioso en algún sentido".
También el Diccionario de las religiones se refiere a la "desproporción entre la cantidad de objetos y fuerzas reservados para fines religiosos y los empleados para uso profano".
Según se explica en La Biblia, el hombre siempre ha deseado dar culto a alguna divinidad. Si bien es cierto que esta religiosidad degeneró con el paso del tiempo, el hombre sigue siendo de manera irremediable "religioso", apunta la nueva Enciclopedia Británica.
Las tribus de los Andes venezolanos celebraban en cierta época del año una fiesta religiosa que denominaban "Bajada del Ches", tal fiesta constituía una alegría que se desbordaba en procesiones y bailes.

LA HABITACIÓN INDÍGENA
En los Andes, especialmente en el Táchira, la habitación indígena difiere en cuanto a construcción y presentación.
En los climas fríos la casa con paredes de barro y cercada con piedras mantenía el calor para la familia.
En el clima cálido, la choza sólo tenía los cuatro horcones con techos de palma y el vetusto "soberao" para dormir. Chimchorros en profusión mecen la abulia del indio.
Con respecto a las formas de la habitación no hay una información clara. Se daba de una distinción entre choza y casa.
El estudio de la cultura material o ergológica señala una separación pues, "el homo faber no debe quedar a la zaga del homo estaticus, el cual debe considerarse por lo menos con iguales derechos del homo rationalis".

LA MÚSICA
Entre nuestros indígenas no estaba desarrollado el arte musical. Sin embargo para sus fiestas contaban primero con el tambor, que era el encargado de transmitir mensajes, avisos o invitaciones.
Al compás de flautas y maracas ejecutaban sus danzas de movimientos variados. Cantos en coro, danzas bélicas para celebrar sus victorias guerreras, bailes en los matrimonios y al recoger la cosecha.
Los chinatos bailaban alrededor del fuego hasta que caían extenuados, lo mismo hacían los babukenos pero alrededor de las lagunas del páramo.

COSTUMBRES INDÍGENAS
El historiador fray Pedro de Aguado describe en su Recopilación Historial de Venezuela (Tomo II), algunas costumbres al hacer referencia a los indios que moraban el Valle de Santiago. Por lo tanto recordar esas normas que regían la genuina cultura de los pueblos, es de trascendental importancia por su contenido y magnitud de la actividad del individuo.
Los deberes de la ciudadanía y del patriotismo se demuestra en la vida de relación. La virtud pública identificable con el civismo estaba difundida en principios de saludable influencia moral.
El culto era un problema de la intimidad indígena. En general, se hallaban estrechamente vinculados entre sí. Se comunicaban y concertaban opiniones y acciones en una expresión de voluntad y de naturaleza colectiva y social.




Collar aborigen tachirense. (Fuente: Museo del Táchira).-

He aquí las principales costumbres de nuestros indígenas:
Personales. Preciaban mucho de su cabello, pero no todos los traen tendidos, sino recogidos y revueltos a la cabeza, la cual traen cubierta con ciertas hojas anchas. Todos los varones andan desnudos, en carnes, por honestidad traen el miembro genital atado a una
 cabuya o hilo que traen ceñido a la cintura. Los aborígenes de la montaña alta van cubiertos con una especie de manta.

Es gente belicosa y guerrera; sus armas principales son arcos y flechas de las cuales usan muy diestramente.

Las mujeres traen como las de Mérida, unas salamayetas vestidas que les cubre casi todo el cuerpo, que son de hilo de cabuya y hechas a manera de sacos angostos y largos.
Viven en caseríos de ocho a diez bohios juntos.


Collar aborigen tachirense. (Fuente: Museo del Táchira).-

Utensilio aborigen tachirense. (Fuente: Museo del Táchira).-


Gobierno. Entre ellos ni hay principales ni señores que los rijan y gobiernen ni a quien obedezcan ni reconozcan por superiores.
La gente de más reputación entre ellos son los mohanes y farautes que con el demonio tratan. Son criados desde pequeños para este efecto.
Se tiene algún respeto o veneración es a algún pariente que tiene muchos hijos e hijas y posee más labranzas y bienes temporales que los demás. Por esta vida de tiranía se hace respetar y acatar, más no para que por esta causa pueda castigar civil ni criminalmente ni entrometerse en otras diferencias populares ni particulares, porque en esto tienen ellos su antigua costumbre convertida en ley inviolable y que se guarda enteramente.
Religión. Ninguna veneración o adoración a ninguna criatura por Dios ni tampoco al verdadero Dios.
Matrimonio. En naciendo el hijo o hija para casarlos y darles compañero o compañera, los crían juntos y duermen juntos y están juntos en su infancia y puericia y juventud sin consumir cópula carnal ni llegar el marido a la mujer hasta tanto que a ella le baje su mujeril costumbre, y si antes esto hiciese serían entre ambos castigados gravemente por sus padres y parientes. El día que a la mujer le baja la regla por la primera vez, da ella noticia de ello a sus padres, los cuales lo hacen saber a todos los demás deudos y parientes suyos y a los padres y parientes del desposado, todos los cuales se juntan y celebran las bodas con mucho regocijo de bailes y cantos a su modo, mezclados con todo el vino que pueden juntar. Si se emborrachan no pierden su reputación, ni honor de su persona. La injuria o afrenta que les da pesadumbre y haga aborrecer los unos a los otros son; el hurtar y fornicar con mujeres ajenas. Acabadas las fiestas de las bodas que como se ha dicho es todo beber, cantar y bailar, luego les hacen a los desposados su casa aparte donde vivan por sí, por que hasta ese tiempo, aunque estaban juntos, estaban en casa de los padres y parientes de la moza o desposada.
El adulterio. El adulterio no los venga el marido, sino los hermanos y parientes de la mujer, quien tiene a su cargo el satisfacer la injuria con matar al fornicador. Hecho esto el marido que es el agraviado, se tiene por satisfecho y se queda con la mujer en la casa, muy contento y si no se hace esto, él hecha la mujer de sí y la repudia como adúltera y fornicaria. Se vuelve a casa de sus padres y hermanos.
Educación de los padres y de los hijos. Los hijos tienen dominio sobre los padres y no los padres sobre los hijos. De tal manera que el padre está obediente al querer del hijo. Si el hijo por enojo o por otra furia o cólera se indigna contra el padre, lo castiga, tiene licencia para ello sin que el padre se lo pueda contradecir ni repugnar, aunque el hijo sea muy pequeño. Si el padre azota o castiga al hijo, se moriría luego, así lo han visto por experiencia algunos españoles de los de esta villa.
Mortuoria. Si la mujer muere y el marido queda vivo por diez lunas siguientes que son diez meses, no se ha de lavar ni limpiar, ni comer cosa alguna con sus propias manos, sino que se lo ha de dar otro en la boca, y cuando le falta el viudo quien de esto le sirva, abaja el rostro y boca al suelo, y allí, a imitación de los animales toma la comida o bebida entre las muñecas de los brazos y con aquello le llega a la boca. Las mismas ceremonias guarda la mujer si el marido se le muere, por los diez meses siguientes. Ellos cuentan por nudos que hacen en una cabuya o hilo grueso; como va pasando la luna. Al cabo de un año hacen las mismas ceremonias y regocijos y borracheras que al tiempo que se casó la viuda o el viudo fueran hechas y con esto dan fin a sus lloros y austera vida.
ENTERRAMIENTOS

En los enterramientos usan pocos ritos y ceremonias. Solamente la sepultura a la larga abierta del grandor del difunto, como lo hacen los cristianos; y si es varón entierran con él todas sus armas y si es mujer, sus piedras de moler y otras cosas mujeriles y lo cubren con tierra. Si acaso se olvidó de meter en la sepultura alguna cosa del difunto o de la difunta, ningún indio puede tomarlo para sí. Si el indio toma cualquier cosa ajena, el dueño se venga por su propia mano dando la muerte al ladrón, sin que se le estorbe nadie.

En una finca rural cercana al pueblo de Delicias, entre un cafetal, pude observar una sepultura indígena. A medio metro de profundidad, una gran piedra tapa el cadáver hasta la cintura. A los lados de la piedra se hallaban conchas, vasijas de cerámica y demás utensilios usados por el difunto. Es la única tumba que he visto, pues a pesar de pertenecer al Departamento de Antropología no se me ha tomado en cuenta para observar ninguna excavación de tantas que se han hecho en diferentes sitios del Estado.

EL BRUJO O MOHÁN
Como ya se dijo en la parte correspondiente a la religión los mohanes y farautes no labran ni siembran la tierra. Los demás indios lo proveen de lo necesario. Si los necesitan en caso de enfermedades acuden a ellos para que los remedien. Los mohanes dicen que ellos consiguen del demonio todo lo que piden. Se van a los montes y arcabucos e invocan al demonio en su lenguaje y dan muchos golpes con varas en los árboles y en el suelo y en las aguas de las lagunas, dando a entender que por aquellos medios alcanzan lo que piden. Cuando la sequía es demasiado, el mohán espera que el cielo se cubra de nubes oscuras, se va y hace las ceremonias. Al día siguiente llueve y entonces, los mohanes dicen a los indios que ellos hicieron llover con su poder.

CAPITULO VI
MENSAJE RETROSPECTIVO
DE NUESTROS INDÍGENAS TACHIRENSES
Contenido: Toponimia. La lengua muisca. Glosario de voces indígenas. Nombres adoptados por la Academia de la Lengua Española. La terminación "ena" o "quena", "eca" y "kea". Significado de algunas palabras según el historiador Raúl Salcedo. Desinencias en voces aruacas. La alteración de la palabra Caquetrira. Carta del 25 de febrero de 1784. Filología indígena tachirense.    

La toponimia tachirense es la evocación de una aristocracia indígena que se vuelve delirio de grandeza y conforma un complejo mundo de actividades que se desarrolló dentro de un dinamismo impresionante.
Cuando intentamos penetrar en ese mundo nos dio la impresión de "lo imposible". Sin embargo, algunos significados de tales nombres permite si no en toda su extensión definirlos al menos ofrecerlos como una especie de centro de donde se realimenta nuestra investigación.
Las etnias prehispánicas del Táchira dejaron una gama de nombres señaladores de quebradas, ríos, montañas y sitios. "Con el lenguaje de cada uno de ellos fue calando hacia el hondo de la tierra y en el alma de los hombres las raíces de un modo de razonar, de sentir, de expresarse, de comunicarse, impregnando de nuevas savias, según la tierra, la naturaleza y el cielo de cada región y de cada pueblo".
No es nuestra intención señalar cronologías. Sin embargo podemos ubicar a los grupos creadores de esas figuras enigmáticas en el periodo neo-indio y si los nombres por los cuales nos servimos de ellos para designar partes del territorio tachirense, están incluídos en esos símbolos incomprensibles, entonces tenemos el tesoro de una estirpe, rememorando, no sólo su existencia física, sino también su existencia espiritual.
"Es una libertad encarcelada" pudiera decirse de los petroglifos diseminados en los municipios Ayacucho, Lobatera, Seboruco, entre otros.
Parece que esos recuerdos del pasado se funden en el paisaje, donde sólo la luz se hace presente a las interrogaciones del indio y su creación.
Lengua o dialecto, dice un filósofo, son "dos nombres de una misma cosa, que se emplean según se miren desde un punto de vista o de otro". Todo cuerpo de expresiones que sirve a una sociedad, por pequeño y miserable que sea, de instrumento y de medio de comunicación del pensamiento, es una lengua, y nadie dirá que un pueblo posee un dialecto, sino que se dice que "posee una lengua". Por otra parte, no hay una lengua en el mundo que no podamos, sin emplear una palabra impropia, llamar dialecto, si la consideramos como un cuerpo "de signos lingüísticos", relativamente a otro cuerpo. En el lenguaje popular, que es poco exacto, se trata de hacer distinciones de grados y de importancia entre las dos palabras, y mientras se reserva para la lengua literaria de un país el nombre de lengua, se da "a las formas inferiores el de dialecto". Para el uso ordinario estas diferentes acepciones convienen bastante, pero de otra manera no aceptables ni forman parte de "la ciencia lingüística". Estas ideas están expresadas en la obra La vida del lenguaje del catedrático G. D. Whitney.
El dialecto es una variedad regional de una lengua. Coexisten con las lenguas los dialectos. Esta razón nos lleva a sentar las bases diferenciales en cuanto a los dialectos hablados por nuestros indígenas.
El lenguaje como medio de comunicación entre los hombres no tiene fronteras. Los pueblos en sus lenguas y dialectos indígenas pudieron crear su identificación, abriendo caminos que revolucionaron su Cultura. Con sus escasas luces acumuladas en su rudimentaria y rutinaria vida, dejaron vocabularios esparcidos en el ámbito tachirense.
En la evolución de esos pueblos se nota como un empuje hacia el nacionalismo, propagan y aceptan ideas, costumbres y adornan con leyendas enigmáticas las grandes piedras y rocas, donde grabaron la razón de su actividad mental.
En el territorio tachirense situado en plena Cordillera de los Andes, con sus valles, terrazas, laderas y verdes zonas de cultivo existieron diferentes tipos indígenas, de vida independiente y aislados. Se conocieron estas tierras "aparentemente pobres en minerales", aún a los mismos indígenas y a los primeros pobladores europeos pero con una variedad de animales y plantas riquísimas, que los aborígenes conocían y utilizaban a través de su experiencia acumulada de muchos siglos.
De ese almacén de voces nacieron multitud de palabras aclimatadas y popularizadas que se hacen perennes, muchas de ellas admitidas en el Diccionario de la Academia Española.
Con esas lenguas, dialectos y glosarios se está tratando de construir la Filología Venezolana. Como dice el historiador Miguel Acosta Saignes no podemos hablar sin grave yerro de una sola cultura indígena prehispánica en el territorio nacional.
La mayor parte de grupos indígenas de Táchira y Mérida hablaban la lengua Muisca o Chibcha, pero los españoles al fundar pueblos sin ninguna selección ocurrió como en la torre de Babel, pues los indios no se entendían en sus dialectos. Por consiguiente fracasó la propia unidad que se aspiraba en ese momento histórico, sumándole otro factor como era la enemistad.
Al principio, los curas doctrineros tenían que dominar bien la lengua Muisca o Chibcha para entenderse con los naturales, más tarde, la prohibición de los dialectos, bajo severos castigos a fin de imponer el Castellano, hizo perder esa riqueza dialectal que exhibían los giros lingüísticos, no siendo uniformes en el territorio. De haber conservado esos dialectos, sería hoy el más grande de los antiguos monumentos de habla indígena.
El catecismo Chibcha compuesto por los Padres Agustinos para la enseñanza religiosa de los indios Capacho es una prueba del dominio de esta lengua en nuestras parcialidades indígenas, a excepción de las tribus norteñas que según el historiador Julio Cesar Salas en sus estudios indígenas dice que los Morotuto, Nánjar, Manakena, Babiriquena, Venegara, Seboruco, Onía, Guanía, Caquetrira, Chiriría, pertenecen a la estirpe motilona.
La verdad es que hasta ahora, no es posible saber el significado de muchos términos, pues "se carece de una base que permita hacer una interpretación verdadera.
De esa búsqueda acuciosa surgió el dialogo vinculado a "los contextos socio-culturales" y la presentación de un nuevo glosario de voces aborígenes diseñado como una unidad lingüística sobre los idílicos paisajes tachirenses. De las investigaciones realizadas en el Archivo General de la Nación; Colección Los Andes, el Archivo del estado Táchira y el libro Raíces pobladoras del Táchira del doctor Lucas Guillermo Castillo Lara ofrecemos el siguiente mosaico de nombres indígenas tachirenses:


A
Abarí (oriundo de Santa Ana).
Aborotá.
Abriacas.
Aguadía.
Alardes. *
Angaraveca.
Andisica.
Aribeca.
Arigaras.
Audisica.
Ayarí.
Azua - Acua. *

B
Babiriquena.
Babuquena.
Barbillas. *
Barebare.
Beriquena.
Bijaos. *
Bocaquea.
Bonara.
Boniquea.
Bonacicua.
Buanira.
Burbua o Burgua.
Bulatemas.
Buriquena.
Buriqueros o Borriquero.
Buromaquena.
Buroquía.
Burua.
Butiquena.

C 
Caliche. *
Camaracos.
Camirí (oriundo de Santa Ana).
Cania o Canea.
Capacho o Capucho. *
Caparo.
Caquetía o Caquetrira.
Carapos.
Cariras o cahira.
Caricuena.
Cascarí.
Cazabata.
Cebucara.
Cirgará.
Civitecas.
Civitocas.
Cogotes. *
Costasí.
Cucurí (oriundo de Santa Ana).
Corabasi.
Cucunabecas.
Cuennubecas (oriundo de Guásimos).
Cuites.
Cunigría.
Cuquí (oriundo de Rubio).
Curías.
Curiaca.
Curiachas.
Curuenas.

CH
Charabeca.
Chaucha.
Chilicos.
Chinatos.
Churumíes.
Chiripica.
Chiriquies.
Chirirí.
Churumí ó Chukurí.
Chururú ó Chukurú.

D
Duragría.

E
Enytera.
Esquite.
Esjuquies.
Escuyté.

G
Guacabecas (Lugar de entierros).
Guanía.
Guaramito.
Guariquenas.
Guasera.
Guásimos. *
Guatopos.

H
Hiranzo.
Humogría.
Huría.

I
Icotera.
Iribeca.
Iriquena (vecinos de los Babuquenas).
Ipomari.

J
Jiraharas (oriundo de Rubio)
K
Komiquea.

L
Lacuria.
Lajitas. *
Lauría.
Lobatera.

M
Machrí.
Manaquena.
Manateca.
Mancuetas.
Mangaría o Mangría.
Menorica.
Mesos.
Minibeca.
Mocoipó.
Mombures.
Morotuto.
Murchibila.

N
Nánjar.
Napo. *
Navay.
Nebica.
Nemoquena.
Nitera.
Nutyquera.

O
Omuquena.
Onia.
Onotos.
Oropes.
Oriquena (oriundo de Guásimos).

P
Peribeca (oriundo de Guásimos).
Periquea.
Periure.
Piaches.
Piscurí.

Q
Quebeo o Quebeyo.
Quinimarí.
Quiracha.
Quenaga.
Queniquea (Lugar rojo).

R
Ruyqueya.

S
Saliva. *
Sátiva.
Saraneca.
Seboruco.
Sebucara.
Simaracas.
Singuaquecas.
Sirgará.
Siscatera.
Siscogría.
Socoteca.
Suáchica.
Suanejos.
Sumusica.
Suticicas.
Sunesúa (lugar donde baila el Sol).
Susaca.

T
Táchira.
Tamucos.
Tana.
Táriba.
Tararí.
Techeya.
Temaquena.
Teneca o Tenegá.
Teocara.
Teuraquía.
Teuras.
Tiraparas.
Tirapajé.
Tocarira.
Tocoes.
Toico.
Toitunas.
Tononó.
Torbes o Tormes. *
Totes.
Tucapé.
Tucapuyas.
Tunebos.
Turipes.

U
Ubacoa.
Uracá.
Uribante.
Urubeca.

V
Veniriquena.
Venegara.
Vichuta.
Viravira. *
Viriguaca.

X
Xirurí.
Xexuruca.

Y
Yeorice.
Yegüínes.
Yaruco.

Z
Zorca o Corca (oriundo de San Cristóbal).
Zúnuga.

Los nombres que aparecen con asteriscos (*) tienen uso frecuente en el lenguaje familiar y han "sido adoptados por la Real Academia de la Lengua Española dándoles puesto en las ediciones sucesivas del Diccionario", excepto Torbes y Camirí, los demás, tuvieron sus cuadros descriptivos, que lamentablemente fueron borrados durante los tiránicos rigores o en la gran crisis del silencio impuesto por los Encomenderos.
A continuación el estudio particular de cada una de esas palabras.
Alarde. Gala que se hace de alguna cosa. Fray Pedro de Aguado refiriéndose al paso de Juan Rodríguez Suárez... después de haber dejado a La Grita, dice: "...prosiguió adelante con toda su gente, pasando por todo el valle que llaman del Alarde". Los indios hicieron alardes en la defensa que no pudo ser otra que los Venegara.
Azua. Colinas en el Suroeste de San Cristóbal. Asiento de los indios que Juan Maldonado llamó Acua, cuando pasó a fundar la villeta de San Cristóbal en 1561. No se sabe quien tuvo la ocurrencia de cambiar Acua por Azua. Este desdoblamiento fonético dio origen a usar un apellido español, como es el caso de Luis Jiménez de Asua, destacado jurisconsulto, que vivió exiliado en Valencia (Venezuela), de ideas socialistas, fue además, profesor de la Universidad de La Plata, Presidente de las Cortes Españolas en el destierro y autor de muchos textos, entre ellos, un Tratado de Derecho Penal. También en la República Dominicana hay una provincia y su capital Asua fue fundada por Diego de Velásquez en 1504.
Barbilla. Hombre de barba escasa.
Bijao. Planta musacea americana.
Caliche. Mineral que contiene mucha caliza.
Camirí. En Mérida es una especie de canasto grande y el mimbre de que se le fabricaba. En algunas regiones del Táchira se dice; "bejuco Camirí", utilizado para fabricar canastos, estos datos en: Obras Completas (Vol.1) de don Lisandro Alvarado.
Capucho. (Ital. Capuccio). Pieza del vestido que cubre la cabeza y va fija a la capa o manto.
Capacho. Espuerta de juncos o mimbres; un capacho de higos. (Diccionario Larousse). Varias plantas herbáceas del género Canna, familia de las Marantáceas (Lisandro Alvarado. Obras Completas. Vol. 2).
Cogote. Parte superior y posterior del cuello.
Guásimos. Es un árbol muy conocido en el país. Quizás por su abundancia se le dio al sitio del actual pueblo de Palmira, ese nombre. Voz Taína. Se dice Guasima o Guacima en Colombia y Costa Rica, refiriéndose al vegetal.
Lajita. Diminutivo de laja. Piedra lisa.
Napo. Río de América del Sur: afluente del Amazonas.
Saliva. Humor acuoso y algo viscoso segregado por las glándulas de la boca.
Tormes. Río de España, en la provincia de Ávila.
Torbes. Río que pasa por un costado de San Cristóbal, nace en el páramo de El Zumbador y desemboca en el Quinimarí. El cambio de la "M" por la "B" creó una palabra tachirense.
Viravira. Planta herbácea de la familia de las compuestas que se emplea en infusión.
Señalado en el bosquejo anterior el uso de dieciséis palabras de utilidad común, recordamos a Alfredo Jahn en el gentilicio sobre los gentilicios del Táchira: "La terminación ena o quena que caracteriza mucho de los antiguos gentilicios del Táchira, parece indicar que estos eran de origen aruaco, pues en algunos dialectos de esta lengua matriz se encuentran en el vocablo ena con el significado de hombres o gente (Baniva) y en otros dá-kenie y kiná- no son equivalentes de indios (Baré, siusí)".
Desde luego nos sentimos inclinados a considerar como del grupo Arowack o Aruaco todas las tribus o parcialidades que llevan la voz ena o quena en su gentilicio, como: Los Umuquenas, Babuquenas, Orikenas, Bariquenas, Babiriquenas, Caricuenas, Burumaquenas, las que probablemente vinieron del Ato Apure y penetraron a los valles del Táchira, o de los llanos de Zamora (Barinas) subieron por los ríos Caparo, Ticoporo, Uribante, Bobo, entre otros, que descienden de la Cordillera de Mérida.

ENA O QUENA
Babiriquena.
Babuquena.
Beriquena.
Buriquena.
Buromaquena.
Butiquena.
Curuena.
Guariquena.
Manaquena.
Nemoquena.
Omuquena.
Oriquena.
Temaquena.
Veniriquena.

También con las terminaciones eca y kea se hallan las siguientes voces:
Citiveca.
Cucunabeca.
Cuennubeca.
Charabeca.
Angarabeca.
Aribeca.
Guacabeca.
Iriveca.
Manateca.
Minibeca.
Peribeca.
Singuaqueca.
Socoteca.
Teneca (o Tenegá).

kea
Bokakea (Bocaquea).
Bonikea (Boniquea).
Perikea (Periquea).
Kenikea (Queniquea).

Algunos de estos nombres tienen su significado, unos extraídos del habla popular y otros del acucioso investigador gritense don Raúl Salcedo.
Babuquena..........Lugar de las aguas.
Buroquía..........Aquí vivimos alto.
Ciburuco............Lugar de piedras grandes.
Humogría..........Aquí vivimos bien.
Karicuena..........Lugar del gavilán.
Omuquena..........Lugar de la comida enterrada.
Queniquea..........Lugar de tierra roja.

En el extremo occidental del Táchira los nombres indígenas de algunos ríos y quebradas tienen en sus terminaciones las desinencias arí, eri, irí, ori, uri. Estas desinencias revelan su procedencia de lenguas aruacas.
ARÍ
Abarí.
Ayarí.
Cascarí.
Quinimarí.
Tararí.

IRI
Camirí.
Machirí.

URI
Cucurí.
Piscurí.
Xirurí.

También señalamos en este pequeño glosario de nombres que se hizo eco en las parcialidades indígenas, las palabras con terminación "ía".
"Resuenan ahora en nuestros oídos porque sus habitantes los conservaron conforme a su procedencia", siendo dichas voces indovenezolanas con influjo hispafónico.

Cania.
Caquetrira. *
Cunigría.
Chiriría.
Duragría.
Guanía.
Huría.
Humogría.
Lacuria.
Mongaría.
Onia.
Siscografía.

"De otras tribus no quedaron vocabularios ni otras muestras escritas, salvo nombres aislados y toponímicos".
La alteración de la palabra Caquetrira, que designa un sitio en el municipio Panamericano, ha alcanzado una venerable antigüedad, que la conservamos como reliquia.
Este fonema es único en el vocabulario indígena que hemos estudiado. ¿Cabe preguntar cómo se ha formado y propagado esta palabra que aún distingue a una comunidad?
El acucioso historiador gritense Raúl Salcedo fue el primero en detenerse ante esta grafía para indicar que la combinación "tr" no es indígena. Esto lo corroboramos en el inmenso vocabulario que ilustra este capítulo.
También el historiador don Rafael María Rosales habla del paso de la gran familia Caquetía cuyo cacique Manaure echó raíces en las montañas del municipio Córdoba.
El diplomático, periodista y escritor Julio Ramos al referirse al éxodo de Manaure "abriéndose paso por las abras soleadas de la Sierra" y su estadía y fuga de las márgenes del Lago y luego su aventura "se los traga y los avienta lejos, muy lejos, tan lejos que su historia se confundirá, como su origen, con la leyenda".
La influencia de la "tr" puede ser transformativa particular. Hubo alguien que ejerció atracción sobre esta terminación y por simpatía dejó en desuso la palabra Caquetía, creando un consonantismo menos notable en su estructura y en su pronunciación.
En la Biblioteca Apostólica Vaticana se conserva una carta fechada del 25 de febrero de 1784, firmada por el Padre Felipe Salvador Gilij en la que dá a conocer las siguientes palabras de la lengua Muisca con palabras italianas:
Circate / Chircaté, falda de la cual se sirven los Muiscas sostenida en las caderas por una pequeña faja.
Ciumbe / Chumbe, la faja o cinturón ya nombrada.
Lichira / Liquira, vestidura que las mujeres muiscas llevan sobre los hombros.
Jopo / Jopo, alfiler grande con el cual la apuntan.
Thulthuas, casa.
Thighi, mujer.
Hay una referencia que nos parece importante incluirla dentro de esta relación de datos y es la que trata del elemento caribe, que se nos presenta en la región occidental de Venezuela y oriental de Colombia como una formidable cuña, que desde las orillas del Lago de Maracaibo penetra hacia el Suroeste, tramontando la Sierra de Ocaña y siguiendo el curso del Magdalena hasta cerca de Puerto Berrío, donde los Chibchas o tribus aliadas detuvieron su avance.
Las voces que ha continuación se expresan nuestros aborigenes carecen "de una exacta determinación en cuanto a su etimología", pero esta nómina aparece como apellidos indígenas y al revivir la escena del Jordán recibieron el nombre del santoral católico. Ellos tienen un valor significativo y es una expresión de las etnias indígenas, nacidos en su silencio impenetrable y dentro de su imaginación mítica, legendaria y simbólica.

A
Abadaji.
Abarica, Antón.
Abaruca, Rodrigo.
Abayuca.
Aborone, Gonzalo.
Aburí.
Acatorí.
Acorache.
Aecorí.
Aguasí.
Aguanura.
Airigüere.
Alisacu.
Alonsillo.
Ambesique, Rodrigo.
Aucano, Luis.
Anyorí.
Argoca.
Areo, Juan.
Aricai.
Ariguare.
Asica.
Ataba.
Atape.
Aybasi.
Ayua, Francisco.

B
Banuquisane.
Baquesu.
Barbilla.
Bayarí.
Bayoqui.
Bayorquí.
Bayrimure.
Bayros.
Becorore.
Becuane.
Benca.
Beyoa.
Biranure.
Boto, Lucas.
Buguen.
Buisán.
Buruquesane.
Buquesine.

C
Caberí.
Cabeciada, Miguel.
Cabisa.
Cacarí, Gerónimo.
Cacarúa.
Caciulema.
Cacota.
Cacue.
Caguara.
Cají.
Camapari.
Camatía.
Cancumi.
Cangarabuire.
Caniari.
Canore.
Canuan.
Capaci.
Capachuta, María.
Capari.
Caparua.
Carabe.
Caraceri.
Careoca.
Carisua.
Carisusa, (Cacique).
Casiaro.
Casqueruca.
Cataco.
Cava.
Cayasure, Andrés.
Caytaba.
Caytana.
Cayuca.
Cayurí.
Cazame.
Ceperi.
Coachita.
Cogote.
Cojere, Cristóbal.
Compia.
Conani.
Coqui.
Corosi.
Coropino.
Consapán.
Consusi.
Contino.
Coscote.
Coyo.
Coypoy.
Coyuco.
Cuaca.
Cuare.
Cacaría, Cristóbal.
Cuparsomari.
Cucoraque.
Cucuy.
Cueroba.
Cugupro.
Cume.
Cunchunchina.
Cuori.
Cupimure.
Curabe.
Curán.
Curane.
Curiara.
Curubí.
Curigüire.
Curosica.
Curquesín.
Cutapone.
Cuyabo, Alvaro.
Cuyapo, Alonso.
Cuyapito.
Cuyarua.
Cuyraba

CH
Chauchamara.
Chautara.
Chibirí.
Chicana.
Chicora.
Chinalo.
Chiporo.
Chiuere.
Chiurí, Gonzalo.
Chucurúa, Lorenzo.

D
Dicase.
Diecunare.
Diguan.
Dijarí, Francisco.

E
Ebrequi.
Ececa.
Elusache.
Enitera.
Enoca.
Erarie.
Etaiquen.
Eyurí, Cristóbal.

G
Girahara, Juan.
Gocere.
Goyo.
Guabri.
Guanasa.
Guanigua.
Ganique.
Guausin.
Guantiquere.
Gureca, Esteban.
Guarí, Inés.
Guausa.
Guaya.
Guayorure.
Gubigure.
Guero.
Gueytana.
Guiquisan.
Guitausa.

H
Hanono.
Hate.
Huyatoco.
Huyotoca.

I
Icago.
Icaguán.
Icapre.
Icori.
Igutusi.
Imagara.
Inacura.
Inabuca.
Inite.
Ipaca.
Irataire.
Iscoria.
Isini.
Istaique.

L
Labataji.
Laburi, Alonso.
Lanzarote, Juan.
Laraci.
Lauya.
Liguiri.

M
Manari, Román.
Manuaco.
Manuto.
Maquata.
Matuana.
Mecara.
Mensuri.
Meorica, Lázaro.
Mergari.
Metere.
Miquere.
Miquisin.
Mochica.
Moñore.
Munuapo.
Muñapa.
Muñepa.
Muyoapa.

N
Neachi, Domingo.
Neoreque.
Neorico.
Niaco.
Niapeca.
Niapo, Diego.
Niajos.
Nicaguane.
Niame.
Niore.
Niori.
Niorici.
Nipa.
Nitivay.

O
Oacaua.
Oriria.
Oarire, Miguel.

P
Parciraba.
Peiure.
Pejigui.
Peoque, Juliana.
Perin.
Petaquero.
Pirote, Pablo.
Poguana.
Popo.
Poto.
Purabarí.

Q
Quefore, Francisco.
Queguachane.
Quemenaco.
Quemeni.
Quemensi, Alfonso.
Quemeri.
Quencasa.
Quenea.
Quequibare.
Queraba.
Querici.
Quesatore.
Quetemara, (Cacique).
Quianaca.
Quiripa.
Quiritoba.
Quiyema.
Quiriquí, Nicolás.

R
Rayquisi.
Ricani.
Ricari.
Riguan.
Riquiejo.
Roarasa.
Rorapo.
Ruaraca.
Ruata.
Rutiqueya.

S
Sahini.
Sanipe.
Sanite.
Sarco, Sebastián(Cacique).
Semarí.
Sequeloca, Alonso.
Sianpaca, Mariana.
Siantara, Francisco.
Sibaruca.
Sicarua.
Sicura.
Sigane.
Sunabugra.
Singue, Rodrigo.
Sinori.
Sintimari.
Sirano.
Sircara.
Sirema.
Siribia.
Siscari.
Sasivira.
Soarán.
Somata.
Sompia.
Sona.
Sosora.
Soypa.
Suarco.
Sucaro.
Saguán.
Suique, Diego.
Suira.
Sulquira.
Surata.
Susiaco, Antón.
Suayca, Gaspar.
Suyarí.
Suyaye.

T
Tacoya.
Tachi.
Tachín.
Taicani, Alonso.
Talsen.
Tantaqui.
Táriba, Beatriz de.
Teuraba.
Tavira, Juan.
Tayquen.
Tayuapa.
Tecua.
Teguri, Miguel.
Tejedor, Antón.
Temari, Diego.
Tembeque, Miguel.
Tequen.
Techin, Miguel.
Tinera.
Tiquisín, Alonso.
Tirota.
Titineca.
Toariche.
Tocalo.
Topaci.
Tucusi.
Tuiries.
Tunucua.
Tutuca.
Tutugues.
Tuture.
Tuy.
Tuya.
Tuyotoca.

U
Ucaca, Juan.
Uni.
Unoco, Francisco.
Upua.
Urapo.
Uruaca.
Uri.
Urioca.
Utiquen.
Uyutaco.

X
Xitegui.

Y
Yabicají.
Yaci.
Yacotare.
Yacure.
Yalaco.
Yamay.
Yamerua.
Yamuca.
Yane.
Yapaci.
Yaretoa, Sebastián.
Yaro.
Yatiasi.
Yaune, Diego.
Yeca.
Yeguan.
Yeorí, Alonso.
Yequeque.
Yoraca.
Yorayure.
Yori.
Yotetirote, Domingo.
Yureyure, Juan.
Yurichi.

Nota: Al realizar estas investigaciones realizadas en el Archivo General de la Nación. Colección Los Andes, se encontraron las siguientes Encomiendas:
Encomienda de los indios Yeguines.
Encomienda de los indios de Pueblo Hondo.
Encomienda de los indios Peribeca.
Documentos sobre los indios Moquenos (Umuquena) y Turaquías.
Documentos sobre los indios Queniqueos.
Documentos sobre los indios Yegüínes.

Las voces aborígenes son la imagen del espacio americano que conocieron y vivieron los europeos y latinoamericanos que escribieron sus vidas, lenguas, creencias y costumbres desde la época del descubrimiento hasta mediados del siglo XIX.
Consideramos muy interesante cerrar este capítulo de el Táchira prehispánico presentando unas voces; aruacas, caribes y otras del habla popular, que la doctora Ana Cecilia Peña Vargas recopila en su libro Lenguas indígenas e indigenismos -Italia e Iberoamérica - 1492 / 1856, pues estos términos se conocen en esta región andina.
El aporte de la Doctora Peña Vargas, quien de manera solidaria enlaza nuestro indigenismo con voces italianas en admirable fusión cultural, constituye un legado de valor y contenido histórico.
Todas estas voces están ordenadas en una evocación fraternal, las exhibe cual reliquias del pasado, en expresión viva del alma autóctona.
VOCES ARUACAS (ARAWACOS).-

Ají -ag´-axí-.
Anona.
Auyama.
Barbacoa -Baruacoa.
Batata.
Bejuco - bijuco - vexuxo -.
Bija -bixa -uija -.
Budare - budale.
Cabuya - cabuia - caboya -.
Cacique - cacicus.
Caimito - caimitier.
Caney.
Canoa.
Cazabe - cazave.
Ceiba - ceyba.
Cocuyo - cocullo.
Comején - comixen.
Chicha (voz taíno-aruaca).
Guamo - guamá.
Guanábana - huanábana.
Guayaba.
Guásimo - guázuna.
Hamaca - jamaca.
Iguana.
Lapa - liapa.
Macana.
Mamey.
Maíz - mahiz.
Mamón (voz indígena de Venezuela).
Nigua - niqua.
Papaya.
Pita.
Sabana - cabana - sanana -.
Tabaco.
Yagrumo - iaruma.
Yuca.

VOCES CARIBES

Ají.
Ananá - nana.
Araguato - arahuata.
Arepa.
Báquira - páquira - pákira.
Bija.
Budare.
Cabuya.
Caxhicamo - cachicam.
Caimán - Kaimán.
Caraota - carota.
Careta.
Carite.
Canoa.
Cocuyo.
Guabina.
Guacharaca.
Guayaba.
Loro - roro.
Mapire.
Iguana - higuana.
Lapa - dapa.
Mene - mene.
Múcura (voz caribe y chibcha).
Mico - mecu.
Onoto.
Papaya.
Patilla.
Ocumo (voz de Venezuela).
Otoba.
Piragua.
Totumo.

OTRAS VOCES

Aguacate (voz Náhuatl - México).
Bachaco; -uachaco (voz tamanaca).
Cacao; - cacau (voz Náhuatl - México).
Chimó; chimú (voz andina).
Chocolate (voz Náhuatl - México).
Papa (voz Quíchua).
Viravira (voz Quíchua).

ALGUNAS VOCES Y SUS SIGNIFICADOS

A
Abaruape (Tigre en voz caribe).
Acuac (Hamaca / caribe).
Ainai (Madre / caribe).
Apoc (Fuego / caribe).
Apurú (Ñame / caribe).
Aro (Sombrero / caribe).
Asauda (Camino / caribe).
Azarú (Dos / caribe).
Azarrúa (Tres / caribe).
Ava (Medida / chibcha).
Ana (Paleta / chibcha).

B
Babu (Agua / chibcha).
Baruchi (Hermana / caribe).
Bochica (Dios, deidad civilazodora / chibcha).
Bsaque (Emperador / chibcha).

C
Catumare (Canasta / caribe).
Calchi (Luz / caribe).
Checua (Cuerda / caribe).
Chibchabcum (Divinidad chibcha).
Chía (Luna / chibcha).
Chaquén (Divinidad chibcha).
Cachipae (Palma / motilón).

D
Duho (Asiento / caribe).

E
Equinum (Yuca / caribe).
Ennasa (Pescado / aruaco).
Equi (Cazabe / aruaco).

G
Genua (Dedo / caribe).
Guaca (Adoratorio-sepultura / chibcha).
Gue (Sementera / chibcha).
Guata (Culebra / motilón).

I
Itoto (Esclavo / caribe).

M
Mariyá (Cuchillo / caribe).
Manahuaitá (Navaja / caribe).
Manche (Espíritu / chibcha).
Mita (Casa - chibcha).
Moque (Resina / chibcha).

N
Nagua (Faldeta / caribe). 

O
Orlá (Gallineta / caribe).
Osca (Yerba / chibcha).

P
Pati (Isla / caribe).
Pariri (Bijao / caribe).
Paná (Oreja / caribe).
Paizarú (Calabaza / caribe).
Petaca (Utensilio / chibcha).
Pipí (Árbol / motilón).

S
Sagraní (Cuatro / caribe).
Sabará (Machete / caribe).

T
Tiwuná (Uno / caribe).
Tuna (Agua / caribe).
Tuqué (Cinco / caribe).
Ta (Cosecha / chibcha).
Tata (Trompeta / chibcha).
Topo (Alfiler / chibcha).
Tochá (Culebra / motilón).

U
Ugé (Mío / caribe).
Upai (Cabello / caribe).
Uschí (Pierna / caribe).
Ustá (Pie / caribe).
Uumú (Hijo / caribe).
Uylemía (Mano / caribe).
Uyó (Diente / caribe).
Uyenú (Ojo / caribe).
Uyenchí (Hija / caribe).
Uriaparia (Río Orinoco / aruaco).

Z
Zipa (Jefe / chibcha).
Zue (Sol / chibcha).

Y para cerrar este libro y dar gracias a Dios por su culminación ofrecemos el Padrenuestro en lengua caribe, tomado de la revista UCAB, N° 8, Montalbán, pág. 964.

Nana Papa o amoro Dios, (Padre nuestro Dios,)
nuze taca manze o (que estás en el cielo)
rostarke zinentoda o (sea reverenciado)
aete o (tu nombre)
nana vá o capu poko o (danos el Cielo)
auero nan niyan o (hagamos tu voluntad)
ero pou nomo rote o, (acá en la tierra,)
nuzetanocom buara o (como los que están en el Cielo)
nana erpar o pazporo bueyo (nuestro sustento diario)
nana va pako o ereme o (danos el Cielo)
nana anikir o epanozco o (y perdónanos nuestros pecados)
nana vá o (a nosotros,)
nana epanopuir buara o (como nosotros perdonamos)
nana etomecon o (a nuestros enemigos)
nana kizanistanopoy, o (no permitáis, que pequemos)
nana atumaridako o (cuando somos tentados)
nan anistatome o (para pecar)
nana azacako o (libranos o apártanos)
pazporo yahuan vino o. (de todo mal.)
Enauara kineine Jesús. (Amen Jesús).

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Aguado, Fray Pedro de. (1963). Recopilación Historial de Venezuela. Caracas. I y II Tomo.
Alvarado, Lisandro. (1956). Datos etnograficos de Venezuela. Vol. IV. Caracas.
Beckerman, Stephen. (1979). Datos etnohistóricos acerca de los Bari. Ucat. Caracas.
Benet, F. (1929). Guía General de Venezuela. Primer Tomo.
Castillo Lara, Lucas Guillermo. (1973). La Grita, una ciudad que grita su silencio. Caracas. I y II Tomo.
Castillo Lara, Lucas Guillermo. (1986). Raíces pobladoras del Táchira. Caracas.
Campo del Pozo, Fernando. (1979). Los agustinos y las lenguas indígenas de Venezuela.
Díaz González, Manuel Antonio. (1975). Documentos históricos sobre las tierras de los Resguardos y comunidades indígenas de Capacho. Ediciones Casa de la Cultura de Capacho. 
De Armas Chitty, J. A. (1951) Origen y formación de algunos pueblos venezolanos. Caracas.
Febres Cordero, Tulio. (1960). Obras Completas. Bogotá.
FigueroaS. Marco. (1941). El Táchira de ayer y de hoy. San Cristóbal.
Figueroa S. Marco. (1967). Los dos Capachos. Caracas.
Fray Pedro Simón. Noticias historiales de la conquista de Tierra Firme en las Indias Occidentales.
Jahn, Alfredo. (1927). Los aborígenes del occidente de Venezuela. I y II Tomo. Caracas.
Oviedo y Baños, José de. (1967). Historia de la Conquista y población de la provincia de Venezuela.
Peña Vargas, Ana Cecilia. Lenguas Indígenas e Indigenismos Italia e Iberoamérica 1492-1866. En: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
Salas, Julio Cesar. (1971). Tierra Firme; Estudios sobre Etnología e Historia. Mérida.
Venturello, B. (1947). Con los indios Motilones de Colombia. En: Revista Geografica Americana. N° 164.
Villamizar Molina, José Joaquín. (1980). Instantes del camino. San Cristóbal.

ARCHIVOS
Archivo Histórico Nacional de Bogotá. Sala de la Colonia. Sección "Tierras de Santander". Tomo IX. Folios1021 v. a 1024v.
Archivo General de la Nación. Colección Los Andes.
Archivo Histórico de la ciudad de La Grita.
Archivo General de la Nación. Encomienda de los indios Venegara. Libro N° 46.

FOLLETOS
Boletín Bibliográfico de Antropología Americana. Vol. XVII. 1954. Parte primera.
Boletín del Instituto de Antropología de Medellín. Vol. 1. N° 2, septiembre de 1954.
Boletines informativos N° 5, 6, 7, 8, 9 y 10 del Museo del Táchira.
Boletín del Centro de Historia del Táchira. N° 7 y 8.Octubre de 1951 a marzo de 1952.
Boletín del Archivo General de la Nación. N° 188.
Cuadernos documentados de Historia de Venezuela, N° 1, 2 y 3. Dirección de Miguel Acosta Saignes. 1968.
Divulgaciones Etnológicas. Instituto de Investigaciones Etnológicas. Universidad del Atlántico. Vol. II. N° 5. 1954.
América Indígena. Instituto indigenista Interamericano. México, D.F. Vol. XIV. N° 1, enero de 1954.
Anales del Instituto Etnico Nacional. Año 1951. Tomo IV. Argentina. 

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